Sorprende, o cuando no resulta curioso, además de gratificante para la cultura, el ligero aumento del número de lectores de periódicos. Según datos aparecidos en el Libro Blanco de la Prensa Diaria 2010, editado por la Asociación de Editores de Diarios Españoles, los lectores de la prensa diaria han crecido en 2008 un 1,2% respecto al año anterior, y se mantiene la proyección de crecimiento para el 2009. Lo que contrasta, paradójicamente, con el descenso, no muy acusado, en la venta de ejemplares en torno al 4% en el 2008, y del 2,4% según estimaciones en el 2009. Un dato, el que hace referencia a los lectores, en especial relevante y esperanzador si tenemos en cuenta que supone un freno a la fuerte caída en los años previos a 2008 por la acusada competencia de Internet y televisión.
Un hecho que, pese a ser poco significativo en cuanto al crecimiento de lectores, merece ser atendido y valorado por sociólogos, teóricos y psicólogos de la comunicación de masas por cuanto supone un cambio, aunque sea mínimo, en el comportamiento y orientación cultural de los ciudadanos. No obstante, "a bote pronto" y de manera simplista, me atrevería a indicar algunas consideraciones al respecto. Así, de primera intención se podría argumentar que esa transformación, en cierto modo, es motivada por el incremento del desempleo que la crisis económica ha provocado en estos últimos años. Por lo que al disponer de más tiempo libre, y no deseado, se genera una inercia a ocupar ese tiempo en la lectura de la prensa.
Pero más allá de esa consecuencia existen otros factores más sugerentes, en relación con esos comportamientos de lectura, que son una derivación o resultado de los excesos formales y técnicos en el uso y manipulación de la información a través de la televisión e Internet. Hasta el punto de que la vieja y tópica expresión de "lo he leído en el periódico", como sinónimo de veracidad, vuelve a tener sentido. Cada vez más, los televidentes tienden a apagar el televisor o, en caso contrario, permanecen abrumados y perplejos ante los desaforados debates en los que autoproclamados periodistas se limitan a representar el papel teatral previamente asignado y bastante bien asumido, dadas las numerosas representaciones en las que siempre intervienen, manteniendo el mismo discurso político e ideológico sin apenas importarle o concienciarse, mínima e íntimamente, por el tema planteado. Y si a través de Internet accedemos a los numerosísimos blogs existentes, incluidos los que son arropados por la prensa escrita en sus ediciones online – modalidad que los editores de periódicos tendrán que revisar y reordenar– comprobamos que en cierta forma se "fuerza" de manera sutil a los lectores a leer y pensar en términos interactivos, sin apenas dar tregua para la reflexión; además de ser constantemente asaltados por la publicidad que aparece por todos los lados de la pantalla del ordenador. Una vorágine comunicativa e informativa, tan seductora y persuasiva, que enmaraña y atrapa a televidentes e internautas. Una "guerra" de opiniones con tan desaforado griterío, pues a todos nos es permitido intervenir gracias a Internet, que empieza a cansar y a perturbar nuestra facultad de raciocinio. Sin olvidar los efectos de las informaciones y mensajes subliminales, cada vez más en auge, y los abusos de la publicidad. De ahí que algunos, o bastantes, deseen una tregua y busquen refugio en la prensa escrita en papel. Un espacio en el que reafirmar su individualidad con la lectura pausada, crítica y reflexiva, del periódico, sea cual fueren las opiniones ideológicas que en él aparezcan. Un lugar íntimo, con calor humano, en el que poder rumiar y discernir, sin agobios ni condicionantes, nuestros juicios e interpretaciones.