Desde que en el mes de agosto de 1856 –tres años antes de la publicación de El origen de las especies de Darwin– fuese descubierto el ejemplar de la cueva del valle de Neander, en el cauce del río Düssel, en Alemania, los neandertales han sufrido todo tipo de interpretaciones, a cada cual más disparatada. Osos cavernarios; seres deformes a causa de una artrosis violenta… Incluso cosacos rusos brutales, que supongo que es el insulto mejor desde el punto de vista germánico. No existen límites para la imaginación humana a la hora de calificar al ´otro´ como estúpido, enfermizo y despreciable. Hace muchos años, no obstante, que esa imagen de nuestros parientes humanos más próximos ha desaparecido para dar paso a otra polémica no menos encendida. Se trata ahora de entender que el Homo neanderthalensis es un ser muy parecido a los humanos modernos pero ¿hasta qué punto? ¿Forman parte de la misma especie o de otra distinta? Y, sobre todo, ¿tenían los neander una mente cercana a la nuestra o no?
La corriente más extendida en la antropología ve a los neandertales como seres muy evolucionados pero en una línea diferente a la de nuestra especie. Serían humanos de una gran capacidad cognitiva que, por razones que no conocemos bien, la expresaban de otra forma. A favor de esa idea habla la llamada (mal llamada) "revolución artística", el despliegue de objetos decorativos y pinturas murales que dejaron los cromañones al entrar en Europa y que contrasta con la ausencia de esas muestras de simbolismo en los yacimientos de los neandertales. Sólo en una cueva, la del Reno de Arcy-Sur-Cure (Francia), se habían hallado conchas perforadas similares a las que forman parte de los collares de los miembros más antiguos de nuestra especie, los cromañones.
Pues bien, el hallazgo por parte de Joao Zilhao y sus colaboradores en la cueva murciana de Aviones que se acaba de publicar como anticipo electrónico en la revista PNAS (Proceedings of the Nacional Academy of Sciences) añade un ejemplo más: tres conchas perforadas y pigmentadas que son, a todas luces, indicio de una mente simbólica. Sigue habiendo una distancia gigantesca entre la enorme abundancia de objetos decorativos en las cuevas de los cromañones y la escasa representación entre los neandertales pero ese enigma es distinto al inicial. La cueva Aviones no sólo dobla las evidencias disponibles sino que obliga a entender que la hipótesis más probable es la de una mente humana, o cuasihumana, a disposición de nuestros parientes neandertales. El enigma ahora se refiere a las razones, del todo desconocidas, que hacen que sean tan raras las muestras de simbolismo neandertal. De nuevo, la especulación puede dirigirse hacia cualquier lado excepto aquél que atribuía al Homo neanderthalensis una condición brutal. No sabemos cómo eran los neandertales pero sería una hipótesis muy arriesgada la de sostener que nosotros somos los humanos excelsos y ellos los pobrecitos infradotados.