Así pues, apagados los primeros ecos del acuerdo entre los rectores de las tres universidades gallegas –y que sirvió para que algunos lo enfocasen como una superación del localismo cuando más bien parece una conjunción de los legítimos intereses de cada cual–, quizá no esté de más algún otro análisis. Y, una petición: que se estudie el modelo, por si pudiera aplicarse por analogía.
En primer lugar, y con la venia, destaca un hecho: que las universidades siguen siendo tres, distintas e identificables. Y además con viabilidad y solvencia académica, lo que en tiempos como éstos de distrito único, competencia galopante y necesidades financieras insatisfechas, demuestra que hay caminos para afrontar retos que no pasan por las fórmulas simplistas que se intentan en otros sectores.
Dicho de otro modo, y con cierta licencia conceptual, podría decirse que el mundo de la enseñanza superior de este país ha optado por un SIP universitario que pone en común recursos para atender problemas que afectan a todos y que salvaguarda la identidad de cada una. Y aunque en general las comparaciones son odiosas, cabe alguna excepción. Y esta de contrastar el diálogo de los rectores con el chavismo del PP y sus aliados en la Ley de Cajas puede ser una de ellas.
En lo que al localismo se refiere, queda dicho que no siempre ha de aplicarse esa definición como una suerte de anatema. Desde el momento en que el legislador estableció que ius est suum cuique tribuere, que cada uno reclame lo que le corresponde no es disgregador –o minifundista– sino el ejercicio de un derecho. Y corresponderá a quien pueda otorgarlo el deber de hacerlo con equidad para que no surjan desigualdades o injusticia.
(En el mundo universitario, y en los campus gallegos, se han producido en estos años numerosos episodios de lo que dio en llamarse por todos contra los demás "duro localismo". Y es curioso constatar que en el último de ellos, acerca de la docencia de Medicina, algunos de los que hoy en día flagelan con aquel epíteto a quienes no se pliegan a sus intereses fueron ayer los que defendieron uber alles a su ciudad de A Coruña y a su Hospital Universitario. ¡Oh, tempora, oh mores...!)
Así las cosas, el ejemplo de ese SIP universitario podría, y debería, ser aplicado en lo financiero si el señor Feijóo consigue superar su miedo escénico a ser "el presidente que perdió la galleguidad de las cajas". Algo que podría pasar si sigue por el camino que lleva.
¿Eh...?