-Es que a este le cuesta mucho agacharse.
-Al señorito dóelle moito a espalda si colle un calcetín do chan.
-Uuuuuuuuuummmmmmmsi.
-¿Que quieres decir con "Uuuuuuuumsi", Carmen? Y no quiero hablar de la famosa gotita de los hombres. No saben ni sacudírse el comosellame ese que les cuelga de adorno.
-Yaaaaaa.
Aún a las 9 de la mañana y ya dos mujeres confabuladas contra uno, poniendo en duda sus virtudes domésticas. Mi mujer dando la pauta y la callada paraguaya que limpia, secundándola relativamente, con sonidos que no se sabe si asienten o es que se la sudan. No importa que una haga de ama y otra de criada, que una sea de las burguesía urbana española y la otra de las clases populares emigrantes, que una sea hija de aquel imperio español que un día expolió a sus mayores en tierra de conquista y la otra proceda de aquellos nativos sojuzgados. No importan esas diferencias cuando hay un enemigo común,el hombre, y las cuestiones de clase y de origen ceden su puesto a las de género ante un tipo con pene que deja un calzoncillo aquí, un calcetín allá (aunque yo creo que la paraguaya me guiñó por detrás un ojo de complicidad maternal).
No les aplaca, no, que tú en ese momento estés sentado y angustiado ante el ordenador, impotente por no saber conectar una impresora. No les enternece que tú te sientas abandonado y perdido en medio de una inmensidad de cables que salen de la pantalla , de la impresora, del router, del teléfono... que se entrecruzan a tu alrededor y te hacen sentir como un cyborg o un hombre biónico en medio de una selva llena de lianas.El calcetín, el calzoncillo y la gotita es para ellas el primer frente de lucha y ante ello no caben componendas, ni compasión con un tipo que se siente impotente por falta de recursos, analfabeto funcional en medio de la nueva cultura tecnológica a pesar de que le rodean libros por todas partes que las generaciones de la nueva cultura tecnológica no saben que existen.
-Al señorito este le cuesta mucho agacharse...
-Yaaaaaaa
No les aplaca son muy prácticas, no andan con abstracciones o rodeos. Si has perdido un calcetín en algún lado de la casa, es lo que hay. No hay perdón o comprensión ni con un hombre desolado ante el ordenador porque no sabe cómo sacarse de encima todos esos mensajes de gente que quieren ser sus amigos Facebook. A pesar de este acoso de género, el otro día me decía un amigo en la barra de un bar de moda.
No te voy a mentir. Para mí todas están muy buenas.
Y es que a pesar de la intransigencia femenina los hombres seguirán dejando calcetines a su paso porque en realidad es una cuestión instintiva para marcar territorio pero, como contrapartida, con la edad su mirada se hace cada vez más indulgente con ellas.
Es que la relación entre mujeres y hombres es cosa compleja y de eso me hablaba la imponente presentadora de televisión Nuria Roca hace unos meses al tiempo que yo me enamoraba de ella. Hablábamos de esas parejas que se soportan con estoicismo porque creen que en nombre del amor hay que sacrificarlo todo, ya no sólo placeres sino principios. "Hay que aprovechar cualquier oportunidad en el amor porque se desperdician muchas para una sola vida que tenemos", me decía Nuria parafraseando a uno de los personajes de su libro. "No sé porque causa tanto revuelo decir que la fidelidad es algo antinatural", añadía. O sea que además de las mujeres que se preocupan por los calcetines hay otras como Nuria que se preocupan del amor, y unas terceras que lo llevan a la práctica. Ahí está la Sra. Robinson, mujer del Primer Ministro de Irlanda. Se acostó con un amigo y luego, por orden de aparición, con un padre y con su hijo. No sé de qué se extrañan. La infidelidad ha sido patrimonio común de la mayoría de los políticos que en el mundo han sido y nadie se ha rasgado las vestiduras. Ella se ha vengado y, en vez de andar recogiendo calcetines, se lo ha hecho todo en una sola casa y en familia para no perder tiempo. No hay peor político que el político mal follado.