Ante todo quiero manifestar mi respeto y admiración al que por desgracia en las primeras elecciones municipales democráticas no alcanzó la Alcaldía.
No le conozco personalmente, sí a alguno de sus hijos, pero sigo con atención sus artículos, me gusta lo que dice y cómo lo dice, sobre todo cuando habla de este Sur de nuestros pecados que lleva años padeciendo una discriminación explicable y coincido con alguno de sus anteriores análisis, por el escaso peso político que hoy el señor Caballero trata de paliar con pocos apoyos y muchas zancadillas.
Estoy de acuerdo con usted en que los vigueses hace tiempo que tendrían que haber puesto banderillas de castigo al Gobierno central y al autonómico y haber enseñado los dientes; por desgracia, el poco fuste de nuestras sucesivas administraciones locales, los silencios y complicidades vergonzosas cuando se cambió el trazado de la alta velocidad y el inusitado afán de llevar el urbanismo al caos con propósitos que a nadie se le ocultan ocuparon mejor su tiempo. Ello ha hecho de Vigo una ciudad anárquica y deslavazada, sin elementos vertebradores y sin un liderazgo serio hasta hace bien poco que ojalá no se diluya.
Es muy probable, y se lo digo de corazón, que si usted hubiera sido alcalde, el concello hubiera conjugado conocimiento, brillantez, honradez y sentido político, pero sobre todo hubiera transmitido algo elemental que se llama credibilidad en la cosa pública, elemento indispensable para desarrollar nuestras potencialidades. Mi única duda es si hubiera aguantado las malas maneras de personas que con su actitud envilecen la política, esa solo es mi duda.
Dicho esto, donde comienzan mis discrepancias es en su posición pro fusión de las cajas y me explicaré: La ley que articula el proyecto está mal parida, no explicada, peor planteada, de dudosa legalidad, carente de toda legitimidad y desde la Xunta están intentando meterla con calzador a una ciudadanía con motivos para sentirse escaldada por todo ese corolario que Vd. desgrana con buen criterio y que, además, en su gran mayoría no la quiere a costa de perder un nuevo centro de decisión. La posición del alcalde de A Coruña no deja lugar a dudas y por suerte la del nuestro, tampoco.
Posiblemente hubo cosas más importantes y graves, pero esta parece ser la gota que desborda el vaso. Si ello sirve para que Vigo vaya de la mano y haga piña, bienvenida sea la gota.
Su exposición económica en este y anteriores artículos son difícilmente refutables para un lego como yo en sus fundamentos, pero a pesar de eso creo que en una economía de mercado globalizada y sin fronteras en la Unión Europea hay más alternativas que imponer manu militari desde el poder político una fusión con jubilaciones forzosas, que huele a intervencionismo estalinista y ajuste de cuentas que tira para atrás.
Usted sabe de sobra que los pueblos, ciudades y grupos tienen derecho a su dignidad colectiva aunque se la tilde de localista porque para ello pagan sus impuestos, faltaría más. Dicho lisa y llanamente, aunque resulte políticamente incorrecto, en Vigo estamos hartos de que las grandes decisiones se tomen en A Coruña o Santiago siguiendo criterios que entonces no son localistas y que viejas aspiraciones como tener una Facultad de Medicina en el Sur duerman el sueño de los justos o se despachen con un " ahora no toca" o no hay dinero o monsergas y más monsergas. La realidad es que cuando tienen el monopolio de algo no sueltan competencias ni aunque vengan frailes descalzos y para muestra un botón.
Hay otras opciones. Vigo y Caixanova tienen derecho a explorarlas a pesar de la amenaza de veto político, que no se entiende, y que hay que combatir con energía como hizo el señor Gallardón en Madrid ante la señora Aguirre. Algunos que yo me sé deberían tomar ejemplo y pensar más en nuestra ciudad y menos en figurar en una lista electoral. No debiera pués sorprendernos, en una sociedad como la gallega donde tan poco se ha cuidado el equilibrio Norte–Sur, que la gente de Vigo en general prefiera cualquier cosa antes que el compañero de viaje que se quiere imponer porque estaremos de acuerdo que invocar la galleguidad no cuela ni a tiros.
No obstante todo esto y como todo es negociable, atendiendo a criterios de población, de antigüedad y de PIB real, podría proponerse una sola caja liderada por la mayor ciudad de Galicia con sede en Vigo y sucursales en Coruña y Santiago, que son los que la necesitan parece,manteniendo cuotas y sin aumento político. Usted sabe muy bien que el sarpullido en la ciudad herculina agotaría los antihistamínicos de todas las farmacias del Norte, Sur y parte de Portugal; pero eso no sería localismo, estoy seguro.
Para terminar, reiterarle mi admiración y respeto y contarle una anécdota: Cuando usted concurrió a las elecciones de Vigo hace muchos años, mi padre, que era médico de Bayona y le tenía en alta estima, se llevó un gran disgusto cuando por un solo concejal no pudo ser usted alcalde. Solo dijo esto "qué pena para Vigo". Hoy más que nunca estoy de acuerdo con él, así nos lució el pelo.