A estas alturas. y dicho sin intención de exagerar, no parece que quede alguien que dude sobre la necesidad de lograr un gran pacto social para afrontar el modo de salir de la crisis. Que sea como los de la Moncloa o no es un asunto distinto, como otro es, también, cuántos y quiénes han de integrarlo, si bien parece abrirse paso la idea de que cuantos más mejor porque las dimensiones del problema rebasan las posibilidades de unos pocos.
En ese sentido es cada vez más frecuente la demanda social para que se dejen a un lado otros asuntos y se concentren los esfuerzos en darle a los ciudadanos una cierta seguridad laboral, de modo que rebajen miedo y desconfianzas y puedan afrontar el futuro con ciertas esperanza. Algunos especialistas añaden que, además, eso lograría cambiar las expectativas, mejorarlas, y de ese modo, sicum dixit la teoría económica correspondiente, cambiaría el signo de algunos acontecimientos. Y ayudaría mucho, por supuesto.
La cuestión de cómo llegar a ese pacto parece, en pura teoría, sencilla de resolver: a través del diálogo social que, en términos de Galicia, dio ya algunos buenos resultados, al decir de quienes lo realizaron. Cierto que empezó antes de la crisis y con resultados parciales y que ahora el desafío es global, pero el precedente es el precedente y anima, y precisamente lo que escasea ahora mismo son ánimos. De modo que cuantos más y más fundados, mejor.
Ocurre que para convertir eso, que firmaría Pero Grullo, en un hecho queda un trecho no sólo largo sino complicado de recorrer. Si se analizan bien algunas respuestas de los invitados de FARO se intuye que permanecen unos cuantos tópicos y que, desde ellos, el consenso imprescindible se vuelve remoto. Los sindicatos, aún con matices, desconfían de esta Xunta no tanto porque discutan -que lo hacen- sus recetas cuanto porque "es del PP", y eso quiere decir, para ellos, "la derecha". Y si se observa la demora de convocatoria del diálogo por parte del gobierno gallego es posible que se descubra que en él late una desconfianza hacia la izquierda, que son los sindicatos.
Es verdad que son apariencias, pero desde que Pirandello tituló aquello de que "así es si así parece", esas apariencias cuentan. La clave, por tanto, debería consistir en eliminarlas mediante un acuerdo previo -un pre/pacto- para no tenerlas en cuenta; no hay tiempo que perder, porque la necesidad apremia y la gente también.
¿No...?