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Crónicas do Noso Tempo

La Habana de Mongo P.

Alfonso Paz Andrade

 
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Una llamada de teléfono de mi hijo Valente, desde Houston, USA, rompe el silencio de la noche. El tono de su voz presagiaba algo malo. Enseguida descarga: Acaba de morir Mongo P, en Baracoa.
En las calles de la Habana Vieja era muy conocido. Fue uno de los fundadores de la famosa taberna la Bodeguita del Medio y asiduo de otros lugares de la intelectualidad cubana del siglo XX. A sus 89 años Ramón Guerra, "Mongo P" para sus amigos y lectores, era un clásico de las tertulias de café y memoria viva, de los encuentros de artistas y escritores cubanos.
Considerado el último baluarte de la vieja bohemia habanera, este genuino representante del costumbrismo cubano, cierra una ilustre generación donde se encuadra a Nicolás Guillén, Fernando Ortiz, Alejo Carpentier, Víctor Manuel, el pianista Bola de Nieve, etc. Ahora, tras su sentido fallecimiento, nos deja sus relatos que muestran la estampa de La Habana de otro tiempo, del tiempo de Mongo P.
Hijo del oficio, sus padres eran periodistas, comenzó de adolescente en estas labores en su pueblo natal de San Antonio. Trabajó en la revista Mar y Pesca, en el suplemento El Sable del periódico Juventud Rebelde, también en Radio Progreso y en Radio Taino. La conocida revista Bohemia, fue su verdadera casa, donde intervino activamente en la sección Brochazos.
Durante muchos años colaboró puntualmente con sus "ripios" en la revista "Industrias Pesqueras" publicada en nuestra ciudad, En Vigo se edita su penúltimo libro "La Habana de Mongo P", con prólogo de quien ahora firma esta crónica. Sipsa Publishing, serie Argonautas 2001.
Sobre su seudónimo, Mongo P, solía decir: "Ese seudónimo surgió porque Ramón Guerra era muy serio para un humorista".
Cuando se le preguntaba por las personalidades de su tiempo que había conocido, respondía con expresión muy cubana "Alabao, con cuales yo no me relacionaba, dirás tu". Los amigos ya desaparecidos estaban siempre en su memoria. "Nicolás Guillén era un manantial continuo de ocurrencias. Con Bola de Nieve era lo mismo, con frecuencia tenía que decirle "Bola, por tu madre, basta", porque hacía un cuento detrás de otro. Víctor Manuel era más serio, también lo apreciaba y admiraba mucho. "Recuerdo a Carlos Puebla y a Ñico Saquito, excelentes amigos"
Con Mongo P muere esa etapa de La Habana de Hemingway, a quien conoció y trató en sus frecuentes visitas al Floridita y a La Bodeguita del Medio, por eso me llaman "el último bohemio".
Mongo P era sin duda uno de aquellos juglares, antiguos conocedores de la cultura popular que más tarde convertía en historias costumbristas llenas de un personalísimo humor.
En su obra periodística queda plasmado lo cotidiano y auténtico de su amado pueblo. "Para hacer costumbrismo solo tengo que basarme en la vida misma, he escrito sobre la "guagua", los zapatos nuevos, el piropo, el beso, el malecón, los relojes, siempre bajo mi punto de vista y manera de ver las cosas. "Yo escribo en clave de humor y cortés ironía", pero el costumbrismo también se ha tratado desde lo serio, lo han hecho grandes figuras, como tu compatriota José María de Larra y el mío Cirilo Villaverde, me decía.
Parece que lo estoy viendo, entre sorbo y sorbo de un vaso de ron añejo, sentado en su mecedora. Hablaba con sosiego, La Habana Vieja la llevaba grabada en su alma. Ya han pasado los días tristes de este lugar –decía--; se está haciendo una gran labor de reconstrucción. Tenía en alta estima, el trabajo realizado por el Historiador de la Ciudad. Eusebio Leal, "no es un cuidador de casas, es un cuidador de recuerdos."
La última vez que estuvimos juntos, fue como casi siempre, bajo la luminosidad caribeña de la playa de Baracoa, donde tenía su residencia. Me esperaba siempre de pie, en la esquina de su casa, nos abrazábamos y yo le decía "hola vate", le gustaba el saludo, y nos sentábamos en las mecedoras del porche. Dos cervezas Bucanero propiciaban el inicio de una charla sin prisa.
En Vigo contaba con muchos amigos, entre ellos el desaparecido Francisco de Sales, Luis Barreras, Manuel Martínez Souto, José Antonio Docampo, el ex alcalde Manolo Soto o Elizabeth Taylor, a quien solía enviar sus obras dedicadas.
Descanse en paz el viejo vate. Hace tres meses, la ultima vez que lo visité, al despedirse me dijo: "Alfonso, amigo, cuando estés en La Habana no dejes de venir a verme, no he pensado en el retiro, ni en la muerte, sería una derrota".

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