Así que, con el señor Zapatero en la Presidencia europea, por más que rotatoria y a pesar de los chistes, quizá sea una buena ocasión ésta para reclamar de Moncloa y en Bruselas algo más de brío para la defensa de los asuntos gallegos. Al menos con respecto al actual, porque, la verdad, no se ha caracterizado este Gobierno por su audacia en ese sentido.
Es evidente -y conviene dejarlo claro antes de que los portavoces del PP vean en el argumento algo del "localismo" que en los últimos tiempos anatemizan- que la Presidencia española es eso, y que no dispone de mucho margen para las cuestiones regionales, pero aún así es una ocasión y convendría aprovecharla. Sobre todo en dos sectores, el pesquero y el agrario, en los que Galicia se está jugando mucho y ya ha perdido todavía más.
En la línea de subrayar lo que es obvio pero también de buscarle alguna aplicación positiva, es útil recordar que el que un presidente español lo sea también europeo durante unos meses supone, sino una capacidad de decisión notable, sí de influencia. Y si se emplea bien, con talento y con talante, puede llevar lejos: no en vano Rosa Luxemburgo -por citar el santoral de la izquierda del que es devoto don José Luis- dejó escrito que las mayorías decisivas no han de ser sólo las cuantitativas.
En este punto, y expuesto con todo el respeto, quizá no estuviere de más pedir que, en lo que al mar se refiere, hubiese en este semestre la sensibilidad suficiente como para hacer realidad lo que dijo Monroe sobre otro concepto: la pesca para los pescadores. O sea, que los países que son en ese sector pudiesen también estar con mayor peso en las decisiones. Pero estar en serio, no de adorno como han estado en la mesa del bacalao por ejemplo.
Se apunta lo que precede porque parece aceptado por muchos que Europa no tiene una auténtica política pensada para sus socios más productores porque no la necesita; la parte consumidora -que va en aumento- parece creer más rentable pactar con terceros y en consecuencia se esfuerza relativamente poco en otros menesteres. Y ahí el señor Zapatero podría ser útil.
En el sector agrario ocurre lo mismo pero al revés: ahí la Unión plantea para los más industrializados en lugar de atender a los más rurales Y España también podría hacer algo al respecto siempre y cuando fije bien los objetivos y en vez de hacer más felices los europeos ricos ayuda a los que están en mayores dificultades.
¿O no...?