Así que, a la vista de lo que hay, no deben sorprender los indicios de extrañeza que por algunos aspectos de la política de la Xunta aparecen ya incluso en la dirección estatal del PP. Indicios crecientes, además, como se puede deducir con facilidad de las declaraciones que varios referentes Populares han realizado a este periódico.
Desde el entorno de la Presidencia, y quizá por el nutrido coro de aduladores que lo ocupa, se rechaza cualquier crítica, endosándoselas o a la idiotez esa del localismo o a otro argumentario, más elaborado, en el que se alude a motivos políticos e incluso relacionados con un supuesto malestar empresarial por el trato recibido. O sea, el mismo manual que se usaba en el ocaso del señor Fraga. dicho sea sin ánimo de molestar.
La sorpresa –y la extrañeza– a que antes se aludía se produce no sólo por lo que ocurre, sino porque suceda en el orto de la Xunta de don Alberto Núñez. Y, además, porque contrasta con el perfil del presidente, que es no sólo un hombre inteligente, sino hasta ahora claramente comprometido con otras formas de hacer política, lejanas al mesianismo o al caudillaje.
Pero como nunca se sabe hasta dónde puede llegar una mutación siempre hay margen para lo insólito. Y lo es, por ejemplo, que desde donde está ahora el PP se pretenda fabricar una imagen patriótica en asuntos que tienen otro enfoque; lo de las cajas, con amenazas veladas de guerra –dialéctica-– con el Gobierno central en el caso de que recurra la Ley, es del todo pintoresco.
En este punto conviene matizar con urgencia que no se le discute, ni al señor presidente ni a su equipo, la intención de defender lo que creen mejor para su programa. Pero disfrazarlo de galleguidad resulta quizá un poco exagerado, sobre todo si se tiene en cuenta la actitud que, por ejemplo en lo del Estatuto, mantuvieron a la hora de definir a este país.
Y otra cosa todavía: se habló de contradicciones de la Xunta y procede explicarlo un poco. Las hay cuando en asuntos financieros se está por la intervención y en los de gestión se privatiza; y también es llamativo –aunque algunos desde el coro lo llamen pragmático– que en apenas sietes meses se alternen las bofetadas y los aplausos al gobierno del PSOE, como si cada ministro fuese por su cuenta. Hosanna..
Eso no es política, es bamboleo. Y, además, errático. Lo de las ayudas al alquiler de vivienda, verbigratia, abre un nuevo concepto de la justicia distributiva: a partir de un sorteo. Ya se nota que ellos no las necesitan.
¿Eh...?