Hace exactamente un año, me enfrentaba yo a la rutina de que otra mujer hubiera decidido que su mejor manera de encarar una "vida nueva" era propinarme la proverbial patada. En ese momento recibí un sms de Luis Sánchez Merlo –uno de los personajes clave de la transición, secretario general de la Presidencia con Calvo Sotelo y vayan a Google si necesitan más–. Muy mal debía estar la situación global para que su mensaje navideño destilara pesimismo, un estado de ánimo inhabitual en el político y gestor que siempre encuentra una salida. Hundido en mi hilarante desesperación, le respondí algo parecido a esto, "la rebeldía es ahora el optimismo".
Un año más tarde, Sánchez Merlo recibe el premio marqués de Villalobar de la cámara de comercio de Bélgica y Luxemburgo, por su aportación a la construcción europea. El acto se celebra en el madrileño hotel Palace, con sus ministros, su aristocracia y le tout Madrid. Y aquí viene lo bueno, el galardonado desgrana aquel sms de un corazón destrozado, "la rebeldía es ahora el optimismo". Lo cincela, lo ahonda, le otorga las prestaciones de una arenga todoterreno, hasta el punto de que la revista tiempo titula a dos páginas "El hombre que sigue hablando de rebeldía", y que el conferenciante recibe parabienes públicos de Luis María Anson.
Es la primera vez que regalo una frase sin exprimirla antes en un artículo, es más frecuente que las sustraiga al vuelo –Oscar Wilde comenta "me gustaría que ese comentario fuera mío", y le replica un amigo, "no te preocupes, Oscar, ya lo será"–. No puedo desperdiciar una idea ni aunque haya sido mejor explorada por otro. Máxime cuando, para restañar las heridas de aquella mujer que ha vuelto a fumar, leí a Nietzsche proclamar "optimismo, con el fin de restablecerse y luego poder volver a ser pesimistas alguna vez". Comparto pues con ustedes la pésima nueva de que recurrimos a recetas usadas, porque seguimos al borde del abismo. La óptima noticia será que de aquí a un año podamos insistir en la prédica de que "la rebeldía ahora es el optimismo". Porque la clave de ese lema es el "ahora".