¡Salve, reina de la copla!
Y volver, volver volver, a tus brazos otra vez. Bienhallados seáis en este nuevo año que estrenamos y en el que comienzo mi primera crónica de la Transición...de las vacaciones al coso laboral. Escribo falto de forma, en ese estado letárgico de la media mañana del día 2 de 2010, con las calles aún casi vacías de gente como si una bomba resacosa hubiera caído en la ciudad despoblándola. Aún recuerdo que el día 31, en ese ritual encuentro con que el Vigo de siempre despide el año a la hora de comer en la calle de las ostras, conocí una nueva diva, una revelación de la copla aunque el oficio que con seriedad practica sea la abogacía. Fue en A Pita Tola, el bar en Teófilo Llorente de Loló Domínguez, y puede jurar que no miento la empresaria Raquel Robledo o el pintor y anarquista Antonio Palacios, residente en el portal de Belén (su consorte). La cosa fue que la abogada Cristina Vieira, hermana de Julio Vieira (cocinero del Sal Negra en Zamora, 81) se puso en pie entre un grupo numeroso con el que compartía mesa y, en jarras a lo chulapa madrileña entre manolos, majos y chisperos, aún sin tener espléndida la voz a poco nos hizo recorrer la historia de la copla sin dejar por ello de incurrir en otros palos como el bolero o la canción gallega. A la zaga le iban gentes de no menor brío cantoral como una médico que ocupaba la barra. Eso sí, ni un villancico. ¡Descreídos!
César, Travolta y el Bahía
¿Habré bebido? Me dije cuando, camino de la cena de fin de año, me crucé en una calle viguesa a un tipo a lo Travolta que me parecía César S. Ballesteros, director de la marisquería Bahía de Vigo. Cierto. César se dirigía a una fiesta en el hotel y es un hombre que por el trabajo es capaz de vestirse de Scarlet O’Hara en “Lo que el viento se llevó”. El otro día compartí con él y Karina Falagan una agradable comida en esta inmensa marisquería que mira a la ría de Vigo y en la que hay hasta tienda on line con marisco a domicilio.
El buen humor de Mino
Hacía tiempo que no veía a Mino Sanmartín, activo empresario inmobiliario en su tiempo y poeta sentido con varios libros como “Poemas del 7º día” al que veo asiduamente en las conferencias del Club FARO. Ahora sé que estuvo unos días por una cosa menor en el Hospital Xeral donde, según dice con su habitual talante positivo, pasó unos días maravillosos, bien atendido, bien comido, con buenas vistas allá desde el piso 12 o 13 y con amigos allí de paso como Domingo Villar, para charlar sin prisas. Feliz año nuevo.
Y un veterano que se fue
Y hay otros que no pudieron pasar al Año Nuevo, sumándose a la lista aciaga de los que se van para siempre. Hablo de Manolo Blanco, amigo de buenas memorias y durante muchos años regente de talleres de FARO, uno de los últimos representantes de aquel antiguo oficio entre linotipias de plomo, cuando los periódicos no parecían silenciosas e impolutas clínicas. Manolo vivió intensamente, combinando trabajo y ocio vitalista con su espíritu tertuliano, y se nos fue inesperadamente. Pena, quien tanto amaba la vida.