Así pues, concluido -a la espera de que se produzca el bochorno postrero de esta fase, cuando la Xunta dé a conocer el resultado de la auditoría que encargó, ad hoc- el episodio de la Lei de Caixas, resultan precisas algunas reflexiones. Desde lo opinable, claro, a pesar de que a la Xunta, el PP y sus aliados del Bloque disguste hasta la fobia cualquier criterio discrepante con el suyo.
La primera reflexión ha de centrarse sobre la defensa que de la postura del PSdeG realizó su portavoz el señor Fernández Leiceaga. Se pueden o no compartir sus opiniones, pero no refutar los que, a la luz del texto legal sometido a la votación de la Cámara, son hechos evidentes: que la Lei es intervencionista y que, además, politiza a las cajas bastante más de lo que ya estaban. Y eso a pesar de los disfraces con que se adorna, según expuso el orador.
La segunda reflexión no puede por menos que referirse al argumentario del representante del BNG. Su señoría el ex conselleiro de Industria eludió cualquier explicación acerca su confluencia con el PP en un asunto donde la ideología aún es importante. Y por eso, a diferencia de su otrora aliado socialista, don Fernando echó mano de los tópicos, sobre todo el de la galleguidad de las sedes: debe ser el único en la izquierda que todavía cree que el dinero tiene patria.
Claro que en materia de tópicos, su señoría se quedó corto ante la batería nutrida que de ellos empleó el diputado del PPdeG señor Puy Fraga. Hombre honesto, cátedro brillante y excelente diputado, estaba obligado por todas esas virtudes -y las sospechas que en toda Galicia y no sólo en Vigo provoca la actitud de su partido- a dar explicación más solvente que la que trató de articular en una intervención impropia de su categoría.
Y es que, por ejemplo, don Pedro podría -y debió- dar respuesta adecuada al hecho nada casual de que el PP quería la jubilación del señor Gayoso y la continuidad de don José Luis Méndez. Y el motivo real -y no los lugares comunes que en pasillos soltó la conselleira de Facenda, cuya parcialidad ha sido y es estridente- de las prisas con que se tramitó esta Lei, o los manejos que se ultiman para revestir de rigor la fase siguiente.
En fin, que su señoría habría podido ahorrarse, también, la monserga del localismo, tan empleada hasta ahora por el Gobierno del señor Zapatero para descalificar las demandas gallegas. Y es que incluso a los oradores más brillantes les falla la memoria.
¿No...?