Hay pecados de origen que se quedan como una astilla en el cerebro y no se van nunca del todo. De cuando en cuando algo mueve la astilla, y el cuerpo se retuerce. El pecado de infancia, o más bien de nacimiento, o incluso intrauterino, de la democracia española es la entrega del Sahara a Marruecos, un oscuro enjuague, con Franco moribundo, entre el Departamento de Estado de USA, el rey Hassan II y, digámoslo así, el franquismo más afín a la apertura hacia una Monarquía democrática. La detención de la "Marcha Verde" mediante una matanza hubiera abortado la transición pacífica en España, y se hizo lo que se hizo, perdiendo la cara para salvar el trasero. Desde aquel enjuague originario la política española sobre el Sahara sólo puede ir de enjuague en enjuague. Mientras no se sanee lo ocurrido hace un tercio de siglo, el asunto, cada vez que rebrote, tendrá un color oscuro y turbio.