A estas alturas, y con tanto dicho sobre la cuestión, resulta curiosa la sorpresa de bastantes ante el hecho de que la Lei de Caixas que va a aprobar hoy el Parlamento gallego tenga mucho de lo que unos llaman intervencionismo y otros politización. Que son términos en apariencia distintos pero que, en el fondo y si se miran despacio, vienen a significar prácticamente lo mismo.
Otra de las sorpresas se produce ante la evidencia de que la norma choca de frente contra lo que muchos creían clave en el pensamiento económico de la derecha gobernante. Y aún más: causa estupor que eso suceda con el apoyo del PP -que incluía en su programa sólo una referencia genérica a su intención de presentar una Lei de Caixas- a una izquierda no ya enfrentada al modelo liberal, sino también al de la izquierda socialdemócrata mayoritaria.
Algunos observadores, sobre todo los que vivaquean en las campas abastecidas por la Xunta, han insistido estas semanas en la lógica de las mayorías para hacer lo que corresponde, a un Parlamento, que es legislar. Un argumento cierto, pero que contrasta con el que hasta ahora defendía el PP en otros foros, por ejemplo al criticar que otras mayorías, en ámbitos distintos, le priven de Alcaldías o Presidencias de Diputación.
Es muy cierto, desde luego, que en lo que a consistencia e incluso coherencia, los partidos suelen actuar aquí de forma muy especial. Y parece verdad que cuando negocian con otros un acuerdo resulta frecuente que se acojan a la práctica marxista -pero de Groucho- según la cual si sus principios no le gustan al otro, se cambian y en paz. Pero eso no es lo que predicó esta Xunta y, por supuesto, tampoco lo que apoyó su electorado en las urnas.
Lo malo de tan elástica conciencia es que aún admite maniobras peores, por ejemplo que una vez aprobadas las normas, se apliquen después de forma errática, torticera o simplemente no se apliquen. Y en eso ha sido maestra una parte de la política española que incluso llegó a resumir su cinismo en una frase que se ha hecho célebre;: "quédense ustedes con la Ley y déjenme a mí el Reglamento". El Bloque debería tener cuidado, porque Romanones no era precisamente un conde de izquierda.
Eso es lo que hay. Y por si el aviso no fuera bastante -que no lo será, porque alea jacta est- baste con recordar el origen de lo que hoy se discute: simplemente, que alguien le negó al señor presidente lo que quería. No a Galicia, no: a don Alberto Núñez, que no es el Rey Sol.
¿Eh...?