Uno de los episodios más curiosos de cuantos -y no fueron pocos- han tenido como escenario la política gallega es, seguramente, el que se relaciona con las eólicas. Todo el mundo estaba de acuerdo en la necesidad de dotar al país de política energética propia, la mayor parte, además, en que había de asentarse sobre fuentes renovables y, en fin, no faltaron quienes afirmaron que lo ideal era la participación en la tarea de empresas gallegas.
La Xunta bipartita se puso pronto a la tarea y diseñó un proyecto que recogía aquellos elementos de un modo que pareció razonable a casi todo el mundo. Incluso la oposición, que era entonces el PP, aguardó a ejercer y no fue hasta que se consolidaron los rumores sobre presuntos favores que decidió pasar a la denuncia pública en los media. Ayudó bastante el PSOE, ésa es la verdad, que jugó un papel -deslegitimador de lo hecho por sus socios- que en cualquier otro lugar habría significado la ruptura. Menos aquí, donde la política is different.
Es posible -sólo eso- que los pintorescos episodios que se sucedieron tengan que ver con la enorme cantidad de dinero que el concurso eólico moverá en el futuro y que lo hace apetitoso para muchos, por sí o por procurador, pero nadie ha osado actuar en consecuencia. Pero como tampoco era cosa de dejarlo así, muchos -no agraciados con la adjudicación del Bloque desde la Xunta- fueron a los tribunales para ver si la Justicia, que algunos dicen ciega, lo ponía todo en su sitio.
Y en esto llegó el PP a donde solía. Ganó las elecciones, anuló lo hecho que aún no padecía cuarentena judicial, envió un proyecto nuevo al Parlamento, e incluso creó el canon energético por el que tantos habían suspirado tanto. Y además prometió lo que todos reclamaban en voz alta: transparencia absoluta y diálogo permanente. Pero, como se pudo comprobar en estas horas, ni así convenció a los demás.
La pregunta del millón, claro, es por qué. Cierto que los portavoces de la oposición, BNG y PSOE, antes socios, dieron sus razones, pero ninguna de ellas fue lo bastante contundente como para despejar las dudas. Unos creyeron que el proyecto del PP no llegaba y otros que se pasaba, como decía Muñoz Seca que ocurría en el juego de las siete y media para desgracia de don Mendo. Y de ese modo el asunto salió con sólo los votos del PPdeG; que son más que suficientes en aritmética, pero que en política ya se verá.
Las dudas perduran, eso sí. Y sobre ellas habrá que volver.
¿O no...?