Tremenda discusión en la tertulia del café sobre ventajas e inconvenientes de los procesos de fusión de las distintas cajas de ahorro. En la actualidad, están abiertas al público cuarenta y cinco entidades distintas, pero el Gobierno, la oposición y el Banco de España pretenden dejar reducido su número sustancialmente. En una primera oleada hasta poco más de la treintena y en una segunda, hasta la mitad, unas quince aproximadamente. Al menos eso es lo que se oye en los círculos que presumen de estar bien informados. El proceso avanza con dificultades porque la perspectiva sobre el reparto de influencias no es la misma desde la óptica estatal que desde la autonómica o local. En la capital de España, por ejemplo, se da el caso de que el señor Zapatero y el señor Rajoy coincidan en el nombramiento del señor Rato como presidente de una Caja Madrid que se fusionaría con Caixa Galicia y con otra caja de Levante, mientras que en Santiago de Compostela, el señor Núñez Feijóo se opone a ese proyecto optando por la fusión de las dos cajas gallegas mediante una ley que pactó con los odiados nacionalistas del BNG y con los socialistas, aunque estos se hayan descolgado al final por causa de los enfrentamientos entre los alcaldes de las dos mayores ciudades de la región que, siendo del mismo partido, no tienen la misma opinión sobre el asunto. En fin, un lío. El pretexto formal de los coaligados es la defensa de la "galleguidad" de ambas entidades, pero a nadie se le oculta que el problema de fondo es el control político de las mismas. Y menos mal que, sobre lo que debe entenderse por "galleguidad", nadie ha pedido precisiones porque la "galleguidad" del BNG es de "país" (como el queso de tetilla) mientras que la del PP es españolista, cordial, moderna, y trilingüe, según la definen sus más conspicuos representantes. Distinto a este concepto de fusión es el de Asturias, donde la caja regional ha convertido su "asturianidad" esencial en quijotismo de partido (ambas autonomías son regidas por gobiernos del PSOE) y se unió en matrimonio con Caja Castilla-La Mancha. Un matrimonio in articulo mortis porque, una vez anunciado el compromiso, la desposada fue ingresada en la UVI bancaria en estado financiero comatoso y necesita respiración asistida. El panorama general es muy parecido y los tertulianos del café no se ponían de acuerdo sobre cual es la mejor fórmula para salir del atolladero. Hasta que uno de esos que tienen soluciones contundentes para casi todo propuso una receta que a él le parece infalible. "Si las cajas de ahorro son, en cierta medida, entidades de derecho público y el Estado está dividido en 17 comunidades autónomas, lo normal es que haya 17 cajas. Una por cada autonomía. La solvencia financiera estaría garantizada porque todo el ahorro popular de cada autonomía iría obligadamente a su caja. Los funcionarios públicos y los empleados privados cobrarían sus nóminas a través de ellas, abriendo una cuenta al efecto, y las empresas domiciliadas en el territorio gozarían de ventajas crediticias, a cambio de lo mismo. Y de esa forma tan sencilla, conciliaríamos el patriotismo con el ahorro y con el caciquismo, que son los fundamentos del sistema". Nadie se atrevió a rechistar. "¿Y los bancos? —objetó uno— ¿Qué sería de los bancos?". El aludido puso tres dedos de la mano derecha en una posición archiconocida. "A los bancos que les den morcilla. Esta crisis la provocaron ellos", sentenció.