Cada navidad tenemos noticias de Barbara De Mattel, conocida como Barbie. La hemos visto alejarse de Ken, que nunca estuvo a su altura. Cada vez hacen menos comparecencias públicas en los anuncios. La paradoja es que él está cada vez más presente en la sociedad: en los magazines de TV de las mañanas hay alguien parecido a Ken reportero en cada cadena. Con el paso de las décadas Barbie ha desempeñado una sucesión de empleos en una movilidad estadounidense acompañada de una conciliación de la vida laboral y familiar escandinava porque ella, por su hija, mata.
Ajena a la crisis del ladrillo, al estallido de la burbuja inmobiliaria y a las hipotecas basura, Barbie sigue haciéndose cada año con nuevas propiedades. En un primer momento pensamos que, afectada por el contexto de crisis mundial, se había ido a vivir a una caravana rosa pero aclaran que es para supervacaciones. ¿Viven mejor las pequeñas juerguistas Polly pockets que se van de crucero? No es comparable: la caravana es la libertad, el aire libre y un estilo de vida.
El resto del año (2010) Barbie lo pasará en la Casa sonidos mágicos. A ver si mejora su situación porque en el anuncio parece que está pasando un mal momento. Una muñeca morena de la misma urbanización despierta a una Barbie a la que le ha dado la mañana en la cama y le reprocha lo desordenado que está todo (como si hubieran registrado en busca de joyas).
Barbie se va a la ducha, que es uno de los sonidos mágicos de la casa, como el de vaciar la cisterna del water. Son sonidos mágicos en la resaca. El resto del tiempo son normales. Luego ordena los 50 accesorios y nos deja con la duda de qué sucedió la noche anterior. Acaso sea una exigencia del guión del juguete, para jugar a ordenar y recoger. Si hace efecto se verá cuando la niña-o el niño, no seamos sexistas- tenga que quitar la ordenada casa de Barbie de en medio de la habitación.