Pues la verdad es que, a poco que se haya estado atento a lo que ocurre en este país desde hace un lustro, nadie debería alegar sorpresa ante el fracaso de la Conferencia de Presidentes que el del Gobierno de España convocó para ayer. Sin agenda previa conocida no podía ser algo distinto de lo que fue: otro episodio de los que tanto gustan al señor Zapatero para aparentar que él trata de llegar a acuerdos con todos, pero que el PP no se deja.
Claro que don José Luis es un hombre hábil, y sabe que lo que se repite demasiado acaba por ser predecible y, en consecuencia inútil. Por eso crea ambientes distintos para las diferentes reuniones e incluso amplía el marco de la invitación según convenga a sus planes: esta vez, como se trataba de hablar de empleo y de su último invento, la Ley de Economía Sostenible, convocó a los sindicatos: así tiene más testigos. Amistosos, por supuesto.
No es una boutade. UGT y Comisiones son de una docilidad especial -en la que quizá influyan los fondos para cursos de formación- y parecen dispuestos a ratificar la tesis antes citada, y muy manejada por la fontanería de Moncloa, de que si no hay acuerdo no es por culpa del señor Rodríguez Zapatero. Y como se habla de planes para crear empleo, el mensaje subliminal está casi fabricado: el aumento del paro es imputable a quienes no ayudan a los socialistas a frenarlo.
(Es cierto que estaba también la patronal, pero en la posición en la que le gusta al señor presidente: tocada por la gran manifestación sindical del sábado, y con la obligación, suya y del PP, de tener cuidado para no coincidir demasiado y dar la impresión de excesiva cercanía. Algo que nada tiene de malo, pero que en la situación actual no gusta mucho a la dirección Popular, dedicada a la tarea, imposible, de disimular que es de derechas.)
Así las cosas, don Alberto Núñez Feijóo, que junto al presidente riojano ejerció de portavoz del PP en la Conferencia- se quejó de los resultados o, por mejor decir, de que no se hubiese producido alguno en lo laboral, lo económico ni en lo que se refiere a la financiación de las autonomías. Pero no ha de extrañarle a su señoría: al fin y al cabo, tampoco había acudido con la intención de que la Conferencia fuese un éxito rotundo para el PSOE.
Es probable que el PP acoja esta última reflexión con aspavientos y protestas, pero no debería: al fin y al cabo los socialistas tampoco hicieron lo más mínimo para que las cosas saliesen de otro modo.
¿Eh...?