Para encarar esta crisis, a la que no se ve un final cercano, cabría recordar lo que dijo alguien recientemente: "La capacidad de un gobierno para solucionar una crisis es limitada, pero su habilidad para empeorarla no tiene límites". Veamos cómo la afrontan dos países con problemas comunes: Irlanda y España.
Ambos han sufrido (junto a los efectos de la crisis financiera) un estallido de sus burbujas inmobiliarias. Además, son naciones con un alto desfase en sus cuentas públicas (déficit cercano al 12% del PIB, los irlandeses; superior al 10%, aquí). Ahora bien, ¿cuáles han sido las soluciones propuestas en cada caso?
El ministro de Economía irlandés ha explicado a sus ciudadanos que "es necesario adoptar medidas difíciles, pero necesarias, para reconstruir la autoconfianza interna y nuestra reputación exterior". Así, anunció recortes salariales del 10% entre el funcionariado (incluidos maestros, policías y enfermeras), además de reducir algunas prestaciones para desempleados y ayudas a la infancia. Para dar ejemplo, los miembros del Gobierno se reducirán el sueldo un 15%. Y esto es sólo el principio: durante los próximos tres-cuatro años deberán aplicarse restricciones parecidas a las actuales.
¿Qué proponen Zapatero y Salgado? Planes E (ZP afirma que el "abre zanja, tapa zanja" ha evitado que el paro subiera –traducción: se han creado puestos improductivos y se gana tiempo, esperando que no-sé-quien nos saque del hoyo), leyes de economía sostenible (como si cambiar la baja productividad, el deficiente nivel educativo y la dependencia del ladrillo se arreglara por decreto) y aumento de impuestos (hidrocarburos, el verano pasado; luz, en enero; IVA, a partir de julio), antes de que la economía se recupere. ¿Alguien ha oído alguna de las medidas que aplicará Irlanda? Pues eso.