Así pues, confirmado lo que era un secreto a voces -y que este periódico publicó hace más de un mes y medio- sobre la firme decisión del señor Núñez Feijóo de hacer un favor a sus amigos de A Coruña a costa de lo que sea, habrá que ver qué piensan los demás. Y, en primer lugar, si se tragan o no la excusa, tan simple como falsa, de que el objetivo de don Alberto es "el bien de Galicia".
Conste que a estas alturas, la única duda se refiere a la actitud del PSdeG, porque aún no hay modo de saber si su secretario general sube, baja o descansa en el rellano de la escalera. Y va siendo hora de que, en asunto tan serio como éste, el país averigüe a qué juega el señor Vázquez. Algunos, en sus propias filas, temen que acabe por regalarle a la derecha lo que ésta, aquí, tuvo hasta ahora sólo a medias, que es el poder financiero gallego creyendo que con un pacto logrará al menos compartirlo. Vaiche boa.
El BNG apuesta a muy largo plazo y, como se ha dicho ya, busca la creación de un esquema de cajas que en el futuro pueda ser útil para su proyecto de banco público gallego. Los nacionalistas, que tienen poco que perder -saben que tras la experiencia del bipartito es muy difícil que vuelvan pronto a la Xunta- prefieren aprovechar que el señor Núñez necesita compañía parlamentaria para disfrazar el favor que prepara y por tanto se lo pondrán relativamente fácil.
El PP, sin más opciones -ni valor para buscarlas- se limitará a respaldar la maniobra del presidente aunque en buena parte de Galicia -y no sólo en el sur, como repiten voces y plumas muy bien entrenadas para el coro- vayan a pagar un alto coste electoral. Confía, como suele hacer la derecha, en que la gente olvide y a la hora de votar marque el paso que le tocan. Y quizá acierte, pero con un margen tan estrecho como hay -las mayorías fraguistas acabaron-, el riesgo es enorme.
En todo este episodio destaca, además, la evolución del PPdeG de don Alberto hacia fórmulas que de padecerlas en la oposición, denunciaría como chavistas. Porque consisten en ganar unas elecciones y después utilizar la Cámara para cosa distinta a la que prometió en urnas: el milico bolivariano para perpetuarse en el poder y el presidente gallego para lograr lo que no le preguntó a la gente. De ahí las urgencias y las lecturas parlamentarias únicas para salirse con la suya, sean en transportes o en las cajas.
Todo eso revive al maestro Unamuno cuando dijo en Salamanca, aquello de "venceréis pero no convenceréis".
¿Verdad...?