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SÁLVESE QUIEN PUEDA

De chulos, putas, artesanos, el amor e identidades varias

Fernando Franco

 06:30  
El presi del Barça, luz contra la oscuridad colonialista. // FDV
El presi del Barça, luz contra la oscuridad colonialista. // FDV 

Vivimos una sociedad que se resiste especialmente a ser comprendida. Ni el pueblo llano, que no anda con cavilaciones porque bastante tiene con entender su propia contingencia, ni los tradicionales detentadores de la cultura, que ve cómo los cambios acelerados les convierten en una suerte de analfabetos, ni los científicos, a los que la fragmentación de la ciencia en multitud de especialidades les hace perder conciencia de la globalidad. Demasiada información, demasiado ruido para lo que las neuronas del ser humano son capaces de interrelacionar. El presente nos desborda, nos inunda con una marea desbocada de acontecimientos, pero es que ahora comprobamos mejor que nunca que tampoco contamos con una visión unívoca sobre el pasado porque son muchos los frentes, las perspectivas e intereses con las que los historiadores se han asomado al mismo y diversos y enfrentados los relatos que han escrito.

A la gente de mi generación la instruyeron historiadores con título al menos en tres Españas: la triunfal del franquismo que iba por el imperio hacia Dios, la que empezaron a descubrir los hispanistas británicos en los albores de la democracia y la que perfila toda esta tercera ola que llena nuestras librerías de una memoria histórica radicalmente opuesta a la que nos imbuyeron en la infancia. ¿Alguien nos va a criticar si padecemos una suerte de personalidad escindida y más si tal esquizofrenia se ve agravada en el presente autonómico por profesionales vividores del pasado que según el lugar en el que pacen resaltan unas historias sobre las otras? De la Guerra de la Independencia, valga el ejemplo, hay quien ha hecho un mito del ser español y quien considera a la sublevación algo así como una intifada, una reacción populista abstrusa, difusa, confusa y profusa contra el galo iniciada en Madrid por una chusma de artesanos, pobres, chulos y putas (Dios nos ayude ¿es que alguien vio alguna vez a los nobles tras las barricadas?) Paradójicamente, el torrente de información sobre pasado y presente no parece dar más luz a nuestra comprensión del mundo sino que contribuye al aumento de sus sombras. No para ciertos iluminados como el presidente del Barça, que desde el púlpito balompédico (imposible desde el de la Universidad) practica un catalanismo clónico y equiparable al nacionalismo español en su universo mítico y sus enseñas patrias, y que de España parecen tenerlo tan claro todo que demandan la independencia. Dicho de otro modo, sustituir a una casta política por otra, que es de lo que se trata, sirviéndose de adeptos movilizados emocionalmente. ¿No estamos ante un horizonte desasosegante entre tantas construcciones históricas manipuladas para legitimar reivindicaciones presentes?

No me extraña que ante tanta complejidad mucha gente invierta todo el tiempo que podría dedicar al pensamiento en la inmersión en programas como Gran Hermano que hablan de la vida cotidiana de la gente más ordinaria. O sea nada de bracear entre hipótesis intelectuales sino un revolcón en la vida de nosotros, la chusma misma que se levantó contra el francés pero metida en programas "reality" dos siglos más tarde a falta de galo al que rajar con la faca. En cualquier caso, cierto que el ser de España, el viejo debate sobre su identidad alentado por nacionalismos centralistas y periféricos, es un dilema o trilema que puede distraer a ociosos y servir a intereses de poder pero ese problema es una nada cuando uno está ocupado por pasiones más embargantes como el amor o el desamor al otro y no a una bandera.

Empezamos hablando de una sociedad actual que se resiste a ser comprendida y el amor es una de sus vertientes. Antes se amaba para siempre por mandato pero ahora nos separamos cuando la convivencia nos mata la pasión, y sufrimos porque no comprendemos. ¡Ah, la adversidad amorosa! Ese sí que es un dolor y no España. Ante la inseguridad y el desasosiego del amor perdido hay estrategias de supervivencia y una de ellas es hablar, porque quienes palabrean en el hombro de un amigo disminuyen la intensidad de un sufrimiento que, en todo caso, es menor entre quienes tienen diversificado sus parcelas de satisfacción con la vida, quienes no ponen todo en el mismo cesto. ¿Otra? Somos lo que pensamos y si piensas en negativo te hundirás en la negatividad. Hay una inutilidad del sufrimiento. ¡Vaya, hablábamos de la confusión y caímos en el amor!

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