Ahora mismo, y a la espera de que los datos aporten pruebas en contra, no parece equivocada la sospecha de que, además de reducir el número de accidentes, la nueva Ley de Tráfico busque una mayor recaudación por la vía de las sanciones. Porque si bien suaviza la retirada de puntos y, por tanto, reduce el riesgo de perder el carnet, eleva el que afecta a los bolsillos al endurecer las multas de un modo rotundo.
Los habituales exégetas de los Gobiernos, siempre a la búsqueda de argumentos contra sus críticos, han replicado ya que mal se puede acusar de voracidad a quien, a la vez que eleva las cuantías, ofrece fuertes descuentos por lo que un comerciante antiguo llamaría "pronto pago". Lo que no dicen los juglares es que esas rebajas ocultan dos detalles: fomentan la recaudación al limitar el descuento a un corto plazo y la aceleran al ligar su concesión a una renuncia al recurso.
Algunos observadores, especialmente opuestos a la nueva Ley, añaden a las razones técnicas o sociales alguna más de tipo jurídico y discuten incluso la legalidad de aquella renuncia. Un aspecto interesante quizá para los teóricos, pero que ni resolverá determinados aspectos prácticos muy negativos para los que resulten multados; en síntesis, que o se pagan las sanciones al recibirlas o luego será peor. Y mucho más caro.
Con una buena parte de la opinión pública -y de la publicada también- convencida de que esta Ley tiene por objetivo ayudar a las maltrechas arcas del Estado, la cuestión habrá de ser si, además, proporcionará alivio al todavía inaceptable balance de la siniestralidad en las carreteras. Y si es que sí, será de suyo un ahorro en vidas, que es lo principal, y a la vez en gastos médicos para atención de los heridos, lo que habrá de ser también un notable consuelo para Hacienda.
En todo lo demás es probable que tenga éxito, y que la decisión de fomentar el pago de las multas con rebajas ejerza la función de zanahoria compensadora del palo que significa multiplicar su cuantía. Al fin y al cabo, la nueva Ley combina los dos elementos -el palo y la zanahoria, sí- que mejor funcionan, adecuadamente manejados, para determinados objetivos en este viejo Reino.
Lo malo, si es que alguien aún lo tiene por tal, es que ya casi no se habla del otro camino para reducir las negras estadísticas del tráfico: aquello de la educación vial en las escuelas. O sea, la cultura.
¿Eh...?