Así pues, fracasado -porque ha sido un fracaso, aunque el coro grite otra cosa- el primer intento de don Alberto Núñez para lograr la fusión entre las cajas gallegas, todo parece indicar que, al regreso de su viaje a América, va a dar una vuelta de tuerca y pondrá en marcha el Plan B. Y como para aplicarlo necesitará, aparte de la claque a la que paga, apoyos más aparentes, organizó la aparición conjunta de ayer con los señores Vázquez, del PSOE y el BNG respectivamente.
El presidente de la Xunta, que no tiene un pelo de tonto, sabe que una imagen vale más que mil palabras, y por eso buscó la foto con sus amigos por un día. Sabe lo difícil que va a ser y explicarle a la opinión pública sus planes de fusión, que no estaban entre las prioridades de su discurso de investidura ni en el programa electoral y usa el truco del almendruco: un aparente consenso con la oposición que, además, le permite presumir de talante.
Es falso, claro, en la forma y en el fondo. En la primera se detecta a poco que se repasen despacio las palabras de unos y otros. En el segundo porque ni siquiera buscan lo mismo con el Plan B: el Blo que quiere una banca pública, el PP el control de la Caja única y el PSOE hacer compatible lo que le mandan Madrid y el Banco de España. Todo ello disfrazado con lo de la galleguidad de las ubicaciones y la solvencia de las decisiones. Vaya, vaya.
Lo del Plan B tampoco muestra una especial diligencia en el disimulo: consiste sencillamente en acelerar la Lei de Caixas, aprobarla el 30 de diciembre y, a través del peso de quienes la Xunta coloque en los Consejos, forzar la situación. Y, para remover el principal obstáculo, imponer el relevo en la dirección general de Caixanova. Es sencillo, sobre todo si hay pocos escrúpulos y algunos tontos útiles, y de ambos hay nutrida nómina.
Lo que llama la atención es no sólo la desfachatez de la mayoría sino el cinismo de la oposición. Un cinismo que permite el uso de procedimientos reglamentarios de urgencia pensados para otras situaciones- y que, en esta, como en la del la Ley del Transporte, harían enrojecer de rubor a cualquiera que no se moviese por puro interés particular. Y el de los partidos lo es. por supuesto.
Habrá que volver sobre el tema, pero podría anticiparse una reflexión: con el modelo de Caja que proponen PP y BNG -con apoyo del PSOE- su futuro Consejo de Administración será parecido al del Poder Judicial o al de la RTVG. Que Dios lo coja confesado.
¿Eh...?