La idea de que nuestra sociedad sea tan frágil como un decorado, y el regreso al modo de vida medieval sea cosa de tiempo, abunda en las profecías de la novela y el cine. Esos miedos latentes están ahí por algo. Un cantante famoso, embutido en glamour, es sólo un heredero del antiguo juglar, venido a más. ¿O quizás a menos? Si la musica enlatada ya no puede ser vendida, porque circula por una red abierta, al famoso sólo le quedan las galas, que al final dependen de algo tan misterioso como que la gente se pare ante alguien que toca en el metro. Sobre los rapsodas de otro tiempo, y el ocaso de la antigua voz al ser enlatada, hay que leer "Expediente H", del profeta Ismail Kadaré. Es dramático para el artista dejar de ver en los extractos del banco los derechos de autor, y de corazón me uno a su protesta, pero si vuelven a la calle tal vez darían con las señales de los viejos caminos.