Un profesor de Economía denuncia que de las escuelas de negocios han salido frankensteins. Querrá decir monstruos de Frankenstein, pues Frankenstein era el doctor que fabricó el famoso monstruo. Pero tampoco es justo. En la criatura de Frankenstein había un punto de ternura, y al fin y al cabo se reveló frente a su creador por instinto de supervivencia. Además tenía motivos para estar dolido con la facha y los andares que le había dado el doctor. Nada que ver con los monstruos salidos de las incubadoras del capitalismo salvaje, de hechuras y maneras elegantes, adiestrados para el ataque y sedientos de sangre. ¿Será mejor hablar de Drácula, y ver en su mito una profecía que anunciaba la llegada en bandada de los chupasangres? Las empresas saqueadas para dar jugo a corto plazo, con sus equipos humanos destruidos, serían los muertos vivientes, tras el paso por ellas de los draculinos.