Así pues, parece probable que nadie se extrañe si se dice que entre los datos que más llaman la atención en este asunto de las cajas estén, aparte de la confusión que se deriva de la actitud de la Xunta, las prisas que le han entrado a su presidente. Que ayer mismo anunció la habilitación parlamentaria del mes de enero para debatir y aprobar una ley que le permitiría disponer de un instrumento mejor que los actuales para hacer valer su criterio.
Lo de la ambigüedad y su empleo como elemento de estrategia resulta tan evidente que ya ni la discute la creciente nómina de exégetas que rodean al jefe del Ejecutivo. Los más aduladores de entre ellos califican de "prudente" la postura del señor Núñez Feijóo, pero es más cierto el hecho de que, como nadie la conoce, la táctica provoca confusión en el público -incluida la oposición- y, por tanto, le da ventaja e iniciativa: cosas de la haute politique, que diría un cursi afrancesado.
Lo malo de eso es que, primero, no deja claro en absoluto que resulte cierta la prédica presidencial según la cual todo lo que hace don Alberto sea por el bien de Galicia ni, segundo, contribuye a sosegar a los ciudadanos en un tema que les toca los bolsillos. Un objetivo ese, el de sosegar, que, por cierto, señalaba Felipe II, el llamado "rey prudente", como mejor norma posible en el arte de gobernar; quizá debiera el actual jefe del Ejecutivo gallego reflexionar sobre ello y recordar lo que se dijo acerca de las heridas que esta absurda guerra está dejando y que, a buen seguro, le pasarán factura -a él y a todos- en el futuro.
(En todo caso es poco probable que cambie la línea de momento, porque con ella le quita protagonismo a la oposición y la deja reducida a retóricas bobaliconas sobre los centros de decisión o la galleguidad de las sedes en un mundo que marcha a toda máquina hacia otro esquema y otros modos. Lo de ayer de los señores Vázquez, líderes del PSdeG y el Bloque, estuvo en esa sintonía y, la verdad, el presidente de la Xunta la toca mejor, que para eso está donde está.)
Quizá proceda añadir que las prisas en esto de las cajas -la fusión y la ley- sorprenden tanto más cuanto que en otros asuntos de rango igual o mayor -reforma del Estatuto, pacto contra la crisis o cuestión lingüística- no hay ninguna; igual que sorprende la presunta oposición a las SIP, un instrumento que se está utilizando por otras cajas importantes. Y eso, aparte de dar que pensar, es persistir en el error, algo impropio en el inteligente señor Núñez.
¿O no...?