A estas alturas, y visto cómo en el asunto de las cajas se perfila lo que en su momento resultó casi anatema, quizá sea momento oportuno para reclamar de quienes son referente en este país que dejen las monsergas y pasen de las palabras a los hechos. Y, sobre todo, que acepten para aquí lo que aseguran viene urbi et orbi para los demás a causa de eso –tan manido como poco asumido– del nuevo esquema financiero.
Conste que lo de las palabras se extiende por igual a las grandes como a las pequeñas, aunque es una evidencia que en Galicia ha habido demasiadas de las primeras y una escasez alarmante de las otras, que son las que al final cambian las cosas. Y es posible que por exceso de retórica haya habido tan poca práctica, tan escasos hechos positivos en estos años, si se exceptúan algunos muy puntuales, aparte los derivados de la lluvia de millones de los fondos europeos.
Volviendo a lo de las cajas, cuyos directores generales se entrevistan hoy con el presidente de la Xunta, el riesgo ahora está en que se vuelva a confundir la velocidad con el tocino, y las grandes intenciones con las necesidades reales. Y eso puede ocurrir cuando desde el gobierno como desde la oposición, se ha elegido como eslogan ése de que sea cual fuere el análisis, la prioridad absoluta ha de ser garantizar la galleguidad de esas entidades financieras. Una patriótica proclama cuya mera discusión provocaría la lapidación dialéctica de quien lo intentase, a pesar de que choca con la filosofía y la estrategia, más o menos declaradas de quien tiene la última palabra que es el Banco de España.
Así las cosas, parecería razonable que quienes tienen algo que decir en todo esto pusieran el objetivo en garantizar que Galicia esté bien servida, y los intereses de sus gentes y de su dinero convenientemente atendidos sea cual fuere la fórmula por la que se opte una vez descartada –como parece, salvo maniobras políticas para forzar voluntades– la fusión. Se han barajado como válidas dos SIP, y como quienes las defienden son expertos gallegos que trabajan por su país tanto como el que más, habrían siquiera de tenerse en cuenta.
A estas alturas muchos argumentos técnicos, y desde luego sociales, aconsejan dos cajas gallegas, y a la vez el reforzamiento de ese esquema con alianzas que garanticen la supervivencia, la identidad y la prosperidad. Una fórmula que han adoptado otros y que aquí podría servir también, al menos para los que piensan en Galicia y no sólo en sí mismos.
¿Eh?