Estaba yo tomando un agua mineral en un bar con unos amiguetes y me sacó de mi acuífera apatía una manifestación de ciclonudistas o, si se quiere decir de otro modo, unos tipos pedaleando desabrigados, en estado de inocencia. Como no teníamos otra cosa que hacer sino hablar y beber, pronto se desató una discusión sobre las causas del nudismo, más que nada porque alguien de la mesa confesó que pertenecía a un grupo vigués de nudistas de la "Sirenita" , que estaba juramentado en un plan secreto que no podía desvelarnos. Esas cosas, ya se sabe, se dicen esperando que alguien insista para poder contarlas, y así lo hizo ante nuestra demanda. "Cada verano –nos dijo mirando hacia los lados– ponemos las toallas un metro más adentro de la zona de textiles, pero como lo hacemos silbando y hablando del tiempo para despistar, ni se enteran. Llevamos tres veranos y conquistamos tres metros. Esos tipos que van con traje de baño son tan tontos que vamos a empezar a aplicar este plan en la playa de Samil". Yo le dije que bueno, lo que quisieran pero que por qué se desnudaban y no supo decirme.
No se sabe cuáles son los orígenes del nudismo pero otro de la mesa, que bebía vino, dijo: "Pues circula por ahí el rumor de que fueron unos bañistas franceses que, disfrutando de las virtudes del agua del mar, en Saint Tropez, fueron sorprendidos por una violenta ola que arrancó sus trajes de baño. Los sujetos mantuvieron sus cuerpos sumergidos en el agua, avergonzados ante la posibilidad de que los otros los contemplaran desnudos sin que mediara algún tipo de compromiso, más o menos explícito, de relación sentimental profunda. Pasaron las horas en el agua y ya no sabían con qué otros temas de conversación disimular su azoramiento hasta que llegó el momento fatídico: una dama pidió la hora y aún no se habían inventado los relojes de pulsera sumergibles. Uno de los caballeros, se cree que un tal Antoine de origen centroeuropeo, tuvo que salir a la playa e inventó sin querer el nudismo porque, con ese afán imitativo del hombre, pronto apareció una colonia nudista".
Podrán decir los nudistas lo que quieran, entre ellos mi amigo el profesor Miguel Cancio, profeta de esta práctica en Galicia ya desde los 80, pero uno cree que el nudismo acabó con la llegada del "homo sapiens" y que los actuales practicantes no son más que resistentes a esta línea evolucionista. Vestirse fue uno de los hallazgos más sutiles de ese mono inteligente porque llegó a un estadio evolutivo en el que se dio cuenta de que sólo con ropa se podría sentir ese placer indescriptible que es desnudar con la mirada o con las manos al varón o hembra que consienta. Los otros monos, el Neandertalensis,Heidelbergensis u otras camadas antropológicas eran más limitados y no supieron pasar del desnudo, pero los Sapiens llegamos hasta hacer un negocio del vestido.
Hablando de ropa, digo que vengo de juramentarme para dar los premios de ese Certamen de nuevos creadores Tesoira que organiza la Xunta cada año y, tras asistir al desfile, recuerdo ese libro sobre la arquitectura fantástica de España cuyo autor se inventó el título de Escultecturas margivagantes para señalar construcciones con un punto de locura realizadas por gente sin título alguno. Pues digo yo si a esos cuerpos que desfilaban por la pasarela viguesa del Centro Cultural Caixanova podríamos llamarles escultecturas en el sentido de que mezclan lo escultórico con lo arquitectónico, y no margivagantes pero sí extravagantes porque qué va a ser sino ese andar de pies cruzados, levantando las piernas como un caballo de paso, hombros atrás y la pelvis lanzada hacia adelante. Desfile de escultecturas extravagantes de la Xunta de Galicia "Tesoira". Suena bien pero a lo que voy es que envolviendo esos cuerpos del amor, catedrales románicas o góticas, iba un diseño indumentario que era todo un mundo de ilusiones para diez nuevas creadoras en busca de futuro.
Viví desde dentro con la Galicia Moda de Luis Carballo y con la diseñadora María Moreira la locura de todo ese complejo y mágico proceso de la moda que va desde la creación al punto de venta, pasando por el ritual de los desfiles. Ese es el camino que les queda, no exento de dureza. Y las aplaudo, porque si ellas no vistieran a la gente, los demás no tendríamos la posibilidad gozosa de desvestirlas.