A estas alturas, y hablando de emergencias, hay unas cuantas dudas que, por su alcance, inquietan a buena parte de la opinión, si bien más a la publicada que a la pública. Sucede eso porque la ordinary people tiene recuerdo para Santa Bárbara sólo al oír los truenos y, por tanto, nunca se preocupa de verdad hasta que pasa algo grave, pero aun así -o por eso- la cuestión no es menor.
En el asunto, y acaso por culpa de la Ley de Murphy, se detecta algo peor: que la gente tiene flaca memoria, no tanto para las catástrofes, como para sus circunstancias, y tiende a olvidar rápidamente incluso parte de sus causas y de los defectos detectados para hacerles frente. El ejemplo más evidente lo proporcionó el "Prestige": siete años después, muchos tienen aquí apenas un recuerdo difuso -y si no hubiera fotografías ni eso- de los clamorosos fallos habidos en la aplicación de los planes de contingencia y en el tratamiento de aquella emergencia histórica.
Con semejante panorama no debiera extrañar demasiado que, a pesar de todo, la cuestión no haya sido prioritaria para los gobiernos del señor Fraga ni tampoco para el bipartito. Cierto que éste elaboró y aprobó una Lei de Emerxencias, pero no llegó a desarrollarla, y la Xunta que lo sucedió se limita a anunciar para dentro de un año -más o menos- el aplicarle manos a la obra en serio. Mientras, habrá que confiar el país a la suerte y a la profesionalidad de quienes han de protegerlo, pero, aunque la tengan, ese bagaje no resulta suficiente.
En los viejos tiempos alguien habría resumido todo ello con aquel "vaiche boa" que tan expresivo -y descriptivo- resultaba, pero ahora el problema, la cuestión, no es tanto cómo definir lo que sucede cuanto ponerle remedio a sus motivos. Y para hacer eso no solamente se necesitarán recursos -técnicos, materiales y personales-, sino un esquema y la voluntad política de colocar el problema de las emergencias en la primera fila de las prioridades. Pero no sólo de boquilla, como se diría en términos coloquiales, sino en la realidad: parece una vergüenza que en todos estos años, y con lo que ha pasado, desde naufragios -y no sólo el del "Prestige"- a incendios aún no exista aquí un sistema de emergencias realmente digno de tal nombre.
Los invitados de FARO dan sus razones y exponen sus opiniones, pero algo queda claro: falta todavía mucho camino por recorrer.
¿O no...?