En estos momentos, lo primero es felicitar a las familias por la liberación de los secuestrados y también al Gobierno de España por un desenlace que demuestra que se estaba actuando de una manera correcta y que fue eficaz.
Dicho esto, es de señalar que este secuestro plantea una serie de dificultades por encima de otros como el del Playa de Bakio pues fue televisado en directo, lo que hizo que este caso tuviese una resolución más tardía y más cara. Al final, ha sido, a partir de la discreción, cuando las negociaciones funcionaron de una manera más rápida.
Es comprensible la actuación de las familias, pero objetivamente, actuaron bajo el llamado Síndrome de Estocolmo, que hace ver las cosas desde un prisma deformado, achacando la responsabilidad, sobre todo, a quien no la tiene, que es el Gobierno.
El primer factor son los delincuentes y su forma de actuar contra toda legislación internacional. La solución para estos problemas, que si no se atajan, cada día serán más frecuentes, más osados y más graves. Por tanto, esto es necesario combatirlo con una coordinación internacional. No es un problema de este país o de aquel otro sino de España, Francia u otro que tenga barcos que circulan por estas aguas.
Esta coordinación internacional tiene tres escenarios básicos que pueden actuar solos cada uno de ellos o combinados:
El primero de ellos es la actuación a través de la ONU, fundamentalmente para encontrar un marco legal y de consenso de la comunidad internacional pero que será difícilmente operativo ya que no hay siquiera precedentes ni experiencia. La hay en tierra para otras situaciones pero, en este caso, el teatro de operaciones es el mar.
La primera dificultad en este escenario es convencerse de que el problema es de todos y no sólo de los países, o de las empresas que sufren los secuestros. Por tanto, a un problema global, una solución global.
El segundo escenario es la Unión Europea, que operativamente no es muy viable ya que la Política Común de Defensa está en su embrión y afecta, sobre todo, a coordinación de fuerzas de tierra, transporte y logística en misiones muy concretas y hasta ahora sin que cuenten casi nada en el escenario internacional.
Sólo la OTAN tiene la capacidad operativa suficiente y eficaz para defender los intereses de sus Estados miembros y aún con la diferencia que pueda conllevar desde el punto de vista jurídico considerar cada acción como un acto de guerra.
A continuación, intensificar la inteligencia y revisar los planteamientos. Es necesario, en algunos casos, volver a los viejos métodos; es decir, estaciones sobre el terreno y los puertos inmediatos, cercanos a la zona más caliente. En países como estos, que son la base de los piratas, no hay infraestructuras; por tanto, los espionajes electrónicos y todo ello, pueden coadyuvar pero no sustituir a la información sobre el terreno. Luego, hay que atacar la logística de los grupos que perpetran los secuestros y perseguir y castigar a la doble delincuencia a la que nos enfrentamos.
La más visible, a la que podemos llamar comandos operativos que, por las imágenes que se han visto en televisión, son un grupo de hombres desarrapados, con armamento ligero, fusiles kalasnikov y lanzagranadas; pero al mismo tiempo hay una delincuencia oculta más sofisticada, de cuello blanco y sin cuya cooperación sería imposible la existencia de la piratería.
Hay algo tan elemental como seguir el camino del dinero.
Luego hay un objetivo utópico, pero necesario, que es mejorar las condiciones de esos países y no cometer más equivocaciones de análisis de las situaciones de los mismos, apoyando alternativamente y, en muchos casos, sucesivamente, a grupos tribales en lucha internas por el poder.
Es necesario montar un operativo verdaderamente disuasorio, visible con nitidez, para ser creíble.
Lo que está sucediendo no son anécdotas, es un fenómeno mucho más grave que hay que atajar desde el inicio, que es quizás este momento, y sin la presión de unos rehenes que pueden dificultar cualquier solución.
Aprender de los errores y los aciertos, y coordinarse sin todo el tráfico en una zona tan sensible para el equilibrio mundial como el Golfo de Adén, el Mar Rojo, se verá amenazado y las amenazas no sólo son creíbles sino que se han realizado ya operaciones de alto riesgo y de objetivos difíciles.
Perseguir a quien y en cualquier campo de patente de corso, facilita o encubra a los ejecutores, sus cuadros o sus mandos, y montar un sistema eficaz de escudos y contrainteligencia que permita seguir y adivinar los pasos de las unidades operativas.
Firmeza absoluta en la persecución de estos delitos. Lo peor es amagar y no dar. Sólo actuando con contundencia se podrá conseguir la credibilidad necesaria para evitar el problema.
Los desarrapados de hoy pueden ser una fuerza más peligrosa y temible mañana. Por el mundo circulan muchos barcos con banderas de conveniencia y despachos que desafían la inteligencia más ingenua. Estos cargamentos de armas pesadas y semipesadas, en manos de esta gente, que podrían contar con misiles de corto y mediano alcance, podrían llevar ya a delitos que van más allá de los que hemos vivido hasta el momento.