Y debajo de la capa de chapapote, adoquines
Si algún día a alguien se le ocurriera peatonalizar Torrecedeira, que hasta pudiera ser, la cosa iba a estar chupada, porque quien sea se va a encontrar con parte del trabajo ya hecho.
Resulta que en pleno sprint final de las obras de reforma de la calle, que los plazos empiezan a apurar, han entrado en la fase fresado del pavimento viejo y aplicación de nueva capa de rodadura.
Y entre una cosa y la otra, ha quedado al descubierto un pavimento de adoquín, en unos casos en arco y en otros en abanico, la mar de xeitoso y que volverá a las catacumbas en cuanto pase la asfaltadora en caliente.
Todo muy bonito hasta que no suceda nada...
Seguramente los técnicos del departamento de Movilidad, Transporte y Seguridad, que con tanta dedicación dirige el camarada Calviño, tienen la cosa más que estudiada y controlada, pero lo cierto es que si uno circula - es un decir- por la calle Salamanca y otras recién reformadas y en uno de los habituales atascos se pone en plan un poquito pesimista, se acojona.
No ya ante un caso de avería de esas de coche inmovilizado, que los bugas te son así de caprichosos, sino ante una situación de emergencia con bomberos y ambulancias.
Porque resulta que con un único carril de circulación, contenedores a un lado y árboles, chirimbolos y demás mobiliario al otro, la cosa se puede poner pelín complicada.
Pero tranquilos, que lo tienen todo bajo control.
¿O no...?
javiermosquera@farodevigo.es