Tranquilidad. Esa sería la palabra mágica que deberían recetarse nuestros políticos locales para el tiempo que falta hasta las próximas elecciones municipales, allá por la primavera de 2011. Si el tono de determinadas intervenciones ha subido considerablemente tras el verano –se veía venir–, mucho más ahora que estamos a las puertas de lo que será "el año decisivo" en cuanto a obras y demás.
El conflicto generado en torno a La Gota de Leche es una muestra más de que no es posible, a estas alturas, llegar a acuerdos en determinados asuntos entre las administraciones local y autonómica. Otro tanto se podría decir del enfrentamiento entre Concello y Puerto, porque cuando no es el terreno para el parque de bomberos es la apertura de las zonas de ocio en el litoral central, el manejo de la autopista del mar o el PIF.
Va a ser una batalla cruenta, con excesivos frentes abiertos y con un único perjudicado: el ciudadano de a pie que observa cómo salen y rebrotan declaraciones de unos y de otros, algunas teledirigidas y otras más viscerales.
La Gota de Leche puede que termine convirtiéndose en sede de la Policía Local, que por cierto cuenta con unas instalaciones tercermundistas, pero cabría preguntarse a qué precio. Y el coste de todo ello saldrá del erario público, ya sea de Vigo o de Santiago. Y, mientras, lo del albergue sigue sin resolverse y otras muchas cosas también. No es cuestión de culpabilidades sino de ser comedidos en las decisiones.