Esta semana, los líderes políticos españoles han recuperado el espíritu apache de los consejos de ancianos y logrado un insólito consenso sobre el candidato a la presidencia de la Corporación de RTVE. Alberto Oliart, ex ministro de varios gobiernos y, sobre todo, un venerable abuelo de 81 años que hasta la fecha, además de tertuliar en la radio, se consagraba a la cría de ganado merino en su finca pacense de Los Rafaeles, ha sido el nombre propuesto por Zapatero y Rajoy para liderar la gestión de una entidad que acaba de llevarse por delante, en aras de los liftings generacionales a la moda, a miles de trabajadores cincuentones, y entre ellos a maestros del periodismo como Rosa María Calaf, que tanto seguiremos añorando. La candidatura de Oliart es un absoluto despropósito tanto por parte de quienes lo proponen como de quien se deja proponer. En los tiempos de la TDT, de la guerra de audiencias, de la competencia de otros soportes audiovisuales como Internet, la irrupción de Oliart en aras de su "capacidad de consenso" se antoja absurda y parece retrotraernos, en su forzada justificación, a un extemporineo espíritu de la Transición felizmente superado. Menudo revival. El momento apache de Oliart culmina, además, el despropósito mayor de cancelar la publicidad en RTVE justo cuando la Corporación vive su mejor momento –en términos económicos, de calidad y de audiencia–, lo que ha precipitado la dimisión de Luis Fernindez, sin duda uno de los mejores presidentes que ha tenido la televisión pública española en toda su historia. Justo cuando RTVE había conseguido, por fin, reducir su deuda a cero, liderar los índices de audiencia y, por el camino, lograr la casi cuadratura del círculo entre calidad y difusión, este Gobierno se carga el modelo y adopta esa decisión extraña con el único objetivo de enjugar la caída de ingresos de las televisiones privadas, y todo ello a pesar de las experiencias negativas en países como Francia, donde se ha demostrado que el cese de la publicidad en la televisión pública no se traduce en un vuelco equivalente de esa inversión hacia el sector privado. Y sin olvidar, también, que en el ámbito de la publicidad televisiva, en España, se concentra un talento creativo que ya quisieran para sí muchos programas. Momento apache. La Confederación Española de Organizaciones de Mayores se ha apresurado a emitir un comunicado de felicitación por el nombramiento. De todo lo que aquí se ha contado, es de lo poco que tiene sentido.