Así que, visto lo ocurrido en el PSdeG-PSOE desde que hace ocho meses perdiera la Xunta, es curioso señalar que buena parte de los observadores ha coincidido en un dato: lejos de dejarse llevar por el shock o buscar una catarsis, sus cuadros optaron por el pragmatismo a la espera de tiempos mejores. Y por eso el relevo del señor Pérez Touriño fue como fue y por quien fue, y los coruñeses en congreso siguen la misma consigna; nada de aventuras.
Puede opinarse de modo distinto, como es naturtal, pero los perfiles –y los nombres– de quienes ahora están no significan ruptura con los que estaban; ni de ideas, ni de métodos externos, al menos. Parece que existe una cierta diferencia en los internos, pero para cerfiticar eso de un modo incontestable tendrían que hablar lo que fueron, y no quieren, o los que son, y no les conviene por ahora. O sea, pragmatismo.
Algunos, a la hora de analizar los congresos ya celebrados, niegan la mayor o la discuten Pero es un hecho que a don Emilio Pérez le sustituyó uno de sus conselleiros y lo es también que en Pontevedra hubo continuidad en su congreso o que en A Coruña se rechazaron los inventos. Y parece también que lo que ahora pinta en esa línea es lo que en cualquier otra parte se podría llamar continuismo pero que aquí le va mejor lo de pragmatismo.
Este pragmatismo, conste, no es sólo un dato de los socialistas de ahora; ese camino lo eligió el actual presidente de la Xunta, señor Núñez Feijóo, cuando formó el equipo que hizo la sucesión de don Manuel Fraga y también –tras superar la sorpresa de la mayoría absoluta que le devolvió el poder al PP– cuando formó su Xunta. E incluso el Bloque, aunque desde otra óptica, buscó en el relevo de su Portavoz Nacional una especie de puente, si bien estrecho: al estilo de la UPG.
Y no parece eso algo malo, en absoluto. Falta por ver hasta qué punto eso se aplica y extiende no sólo a la vida de los partidos sino sobre todo a la de los ciudadanos, que es donde más falta hace. Porque la dimensión de los problemas que se padecen exige espíritus prácticos para habilitar soluciones tanto como se necesitarán para aplicarlas cuando se encuentren,porque reclamarán acuerdos de calado que aparquen rencillas puntuales.
Y hay algo más por ver: hasta qué punto un electorado harto de los métodos hasta ahora utilizados traduzca ese hartazgo en las urnas y obligue a cambiarlos. Falta año y pico para disponer de pistas en las municipales: ahí estará una clave.
¿No?