El próximo martes, de acuerdo con los anuncios realizados por el Concello, comenzarán las obras de la segunda fase de humanización de la calle Sanjurjo Badía. Eso conlleva las consabidas restricciones de tráfico mientras dure la actuación, que será aproximadamente cuatro meses. Si ya la primera fase fue traumática para el principal vial de Teis, lo que viene ahora será una auténtica prueba de fuego para muchos conductores, peatones y comerciantes de la zona. El tramo de Enrique Iglesias hasta el cruce de Buenos Aires es uno de los más transitados de la ciudad. De ahí que la planificación alternativa, tanto para el tráfico en general como para el transporte público en particular, sea absolutamente necesaria.
Las pruebas realizadas en otras zonas de la ciudad que están o han estado en obras, como es el caso del entorno de Povisa por poner un ejemplo, hacen dudar de que las alternativas pensadas por los responsables de Tráfico sean las adecuadas, al menos desde el principio.
En otras zonas ha sido necesario modificar las medidas iniciales, una vez comprobado que lo que se había planificado era erróneo o provocaba excesiva inseguridad a la hora del tránsito normal, de vehículos y de peatones.
No se trata de poner en cuestión la realización de las obras, muy necesarias sobre todo en la zona de Teis. Pero el ciudadano tiene el derecho a exigir que en su ejecución no quede demasiado espacio para la improvisación. Sobre todo si se tiene en cuenta de que estamos en una época del año en que el movimiento de vehículos es mucho mayor por toda la ciudad y las zonas en obras no son una excepción. De hecho, los colapsos más importantes que se han vivido en el casco urbano en los últimos años han coincidido, salvo situaciones extraordinarias, con el periodo de los últimos meses del año. Y mucho más conforme se acerque la Navidad.
Los vigueses, que agradecen sin duda cómo quedan las obras una vez terminadas, están haciendo gala de una paciencia infinita en el último año. Justo es que se les recompense