Ahora mismo, y a la espera de la conclusión definitiva del episodio del “Alakrana”, es un secreto a voces el malestar en el PSdeG con el Gobierno central por el modo en que se ha llevado el problema. Un disgusto que no excluye a la ministra de Medio Marinio Elena Espinosa, cuya gestión global es, además muy criticada por uno de los pilares del nuevo socialismo gallego,Unións Agrarias.
El enfado en el PSdeG, sobre todo en la zona costera, se extiende, además de a la gestión, a la imagen. Los socialistas no entienden, por ejemplo, que mientras Núñez Feijóo suspemdía su previsto viaje a Miami al agravarse la situación de los pescadores secuestrados en el Índico, la vicepresidenta Teresa Fernández de la Vega mantenía otro a Argentina en momento tan delicado.
Una parte del PSdeG tampoco comparte las declaraciones del presidente del Congreso, José Bono, que calificó de ”indecente” la actitud del PP, a pesar de que el presidente de la Xunta afirmó su respaldo al Gobierno de Zapatero “por responsabilidad”. Para los discrepantes socalistas, actitudes como las de Bono provocan irritación en pueblos pesqueros donde “se ve lo que hay y lo que no hay”.
En esos círculos se repite la idea de que “con estas tácticas, a nadie debe extrañar que Feijóo nos coma por las patas”. Y es que, con la excepción de José Blanco, no hay ningún socialista gallego que se aproxime siquiera a los índices de aceptación que el presidente Alberto Núñez obtiene en las encuestas -las solventes, no las “de pago”- que se manejan estos días.
Los fallos
Es un secreto a voces que la oposición no acierta a contrarrestar la popularidad de Feijóo, e incluso ha fracasado en el intento, capitaneado directamente por Manuel Pachi Vázquez, de adjudicarle los más evidentes errores de las últimas semanas, de forma muy especial el llamado “asunto de los doscientos euros”.
La denuncia por la supresión de la paga extra a las pensiones no contributivas fue resuelta, aunque en un episodio parlamentario confuso, por el propio Núñez Feijóo, a quien los socialistas acusaron de “mentir”, a pesar de conocer los resultados de sondeos ad hoc que indicaban la aprobación de los ciudadanos.
Algo parecido, aunque menos estruendoso, fue el episodio de la supresión de ayudas a asociaciones de enfermos y discapacitados. Denunciada por los socialistas, el propio presidente de la COGAMI Andrés Queiruga protestó ante la Xunta, y la Secretaria Xeral de Benestar Susana López Abella, parece que con intervención directa del presidente,le garantizó que las ayudas continuarán.
Los quemados
Pero la imagen del presidente, muy sólida en este momento, no tapa algunas otras evidencias. Por ejemplo la falta de coordinación en una parte de la Xunta y el rápido deterioro de algunos de sus miembros. El caso más evidente es el de la conselleira de Facenda, Marta Fernández Currás.
A la titular de Facenda se le achacan no sólo errorres graves en el asunto de la posible fusión de las Cajas, sino de filtrar -y es un secreto a voces- en una dirección muy concreta datos de las gestiones para favorecer supuestamente las tesis unionitas, que compartiría. De hecho, y aunque los diálogos se mantienen y son diarios,la credibilidad de Currás ha quedado muy cuestionafa.
También la titular de Traballo, Beatriz Mato, ha sido puesta en cuestión tras el citado episodio de las pensiones y sus con secuencias en forma de malestar de Presidencia. En esa Consellería se mantienen los rumores -casi un secreto a voces- sobre posibles desavenencias internas.