Uno de los datos más generalmente aceptados de cuantos se manejan en el mundo del disfraz es que quien lo usa, por más que resulte excelente y lo emplee con maestría, acaba por ser descubierto. De forma más erudita quedó reflejado en aquello de que se puede engañar a todos poco tiempo, a algunos mucho tiempo pero no a todos todo el tiempo; y, con todo respeto, esto es lo que se intenta con el asunto de los hospitales de Vigo y Pontevedra.
Dicho lo anterior, y antes de explicarlo, procede subrayar que nadie discute la necesidad de la construcción de los centros previstos para las dos ciudades. Es más,ambos proyectos constructivos deberían estar ya en marcha hace años,porque las necesidades medibles de las áreas sanitarias respectivas así lo exigen, las mida quien las mida. Y no se ha hecho por razones muy distintas y por el eterno desencuentro de unas Administraciones que a veces parecen más propiedad de quienes las gobiernan que de aquellos que las sostienen.
Así las cosas, es del todo legítimo que los ciudadanos reclamen solución, y además urgente, para una cuestión en la que les va la vida. Pero no lo es que se manipule su justa causa desde argumentos que chocan por su impudicia: se dice que la construcción de los centros por manos privadas los aparte de la gestión pública, y eso lo afirman quienes, por ejemplo, predican la bondad de que particulares aporten cientos de millones de euros para hacer posi ble el tramo de AVE entre Ourense y Cerdedo para así enlazar a Vigo a pesar de que se discuta su rentabilidad.
Es seguro que a la señora conselleira de Sanidad le hubiese gustado acceder al cargo en tiempo económico distinto a éste, pero como hay lo que hay, ha empleado ese argumento ferroviario para aplicarlo al caso de los Hospitales. Y ha añadido algo que es también cierto: apelar al dinero particular para construirlo en absoluto significa privatizar la Sanidad, como construir el ramal del tren no implica convertir la red en una autopista de peaje.
Esa es la verdad, guste o no guste. Y contrasta con la monserga de quienes claman por la defensa de lo público, pero que sobre el terreno consintieron las incompatibilidades y miraron para otro lado ante prácticas supuestamente orientadas a reducir las listas de espera, pero que a la hora de la verdad ocultaban en muchos casos una picaresca tramposa sobre la que ahora disimulan.
¿O no...?