Pues la verdad es que, con esto del "Alakrana" y su circunstancia, empiezan a ser bastantes los que, en asuntos pesqueros, creen que Galicia debería repasar despacio el horizonte y, si acaso, cambiar alguna táctica. Y ya no porque desde 1986 para acá el sector no ha hecho sino encoger y no parece que la cosa tenga pinta de arreglarse. Hay quien dice que eso forma parte del precio pagado para ingresar en la UE, pero no es bastante explicación para entender lo que sucede.
Y conste que no se trata de una impresión subjetiva: aparte de lo medible que resulta el número de barcos que había y los que hay, podría colocarse sobre el tapete una revisión de los lugares donde se faenaba, además de los volúmenes de capturas. Y con ese tríptico hay para salir corriendo a buscar al alquimista más cercano, porque los políticos tienen demostrada incapacidad o desinterés. Los de aquí y los de allá, entendiendo las referencias por Madrid y por Bruselas.
En lo que a la propia Unión Europea respecta tiene cierta lógica que la pesca resulte asunto de segunda fila. El consumo de los grandes países está resuelto por la afluencia de productos de terceros, su industria extractiva se reconvirtió hace tiempo y dejar de lado a la que otros socios tienen no les causa a los gobiernos coste político ni electoral. Cambiar eso es tarea para quienes consideran la pesca una necesidad estratégica, pero son pocos y débiles.
El Gobierno español no está entre los aplicados, por desgracia. Tiene el problema del Índico, por ejemplo, no como un asunto pesquero de interés estratégico estatal, sino más bien un negocio privado a atender sólo cuando media una petición global tipo OTAN. Es un problema de desenfoque de ahora y de antes; de unos que a la hora de la verdad optaron por el olivar antes que por el pescado y de otros que en su día exigieron más peso en la mesa europea pero que ahora recorren los pasillos como buscando las sombras para así pasar desapercibidos.
El resultado, queda dicho, no puede ser más desalentador. En lo que a la altura se refiere liquidan o reducen al mínimo su presencia en caladeros y especies históricas o descubiertas comercialmente por tecnología gallega, desde la merluza al fletan. Y en la bajura se piensa más en reducir que en potenciar, y así le va al sector sobre todo cara al futuro.
Puede que la descripción sea pesimista, pero así es como lo ven los pescadores. Y va siendo hora de espabilar, porque mucho tiempo no hay.
¿Eh?