CEFERINO DE BLAS
FARO de Vigo, decano de la prensa española, cumple hoy 157 años. Este acontecimiento anual del aniversario invita a una reflexión sobre el hecho fundacional del periódico y su pervivencia en el tiempo, en un periodo difícil para la prensa escrita. Su arraigo en el mapa gallego es la clave de su fortaleza pasada, presente y futura.
El jueves, 3 de noviembre de 1853, aparecía el primer ejemplar de FARO DE VIGO. Tenía cuatro páginas de pequeño formato, divididas en tres columnas. En la cabecera anunciaba a los lectores que se publicaría dos veces a la semana, jueves y domingos. Su precio era de 6 reales al mes para los que residían en la ciudad.
La iniciativa era de tres juristas de prestigio: José Carvajal y Pereira, su primo José María Posada y Joaquín Yáñez Rodríguez, uno de los grandes alcaldes que tuvo la ciudad. Aunque José María Posada se sentía más inclinado al periodismo y a la poesía. A su inspiración se atribuye el nombre de FARO DE VIGO.
Como título periodístico no era del todo original, ya que en Madrid había existido otra publicación con el nombre de "El FARO", pero sólo duró un año.
Para sacar adelante el proyecto, se asocian con el impresor Ángel de Lema y Marina, que pocos años después se haría con la propiedad del periódico, y que con el paso del tiempo figurará como único fundador.
FARO DE VIGO permanece vinculado a familia Lema, un siglo y un tercio, hasta el 3 de octubre de 1986, en que lo adquiere Editorial Prensa Ibérica, el grupo que preside el editor Francisco Javier Moll de Miguel. Al equipo fundacional no le pasaba por la imaginación que la publicación que acababan de ver salir de aquella rudimentaria imprenta de madera, semejante a las de Gutemberg, y que imprimía los ejemplares plana a plana, llegaría a convertirse en el decano de la prensa española y a figurar en los libros de historia del periodismo con letras mayúsculas.
Tampoco se imaginaban cuánto iba a influir en la ciudad que le da nombre, Vigo, con la que sintonizará hasta tal punto de ser su voz, su máximo defensor y de crear un estilo de ser y de pensar de su sociedad; que contribuirá de forma decisiva a formar la conciencia colectiva. En poco comparable a otros periódicos locales que llevan el nombre de las poblaciones donde nacieron y se asientan.
Vigo, un distrito que sumaba 1920 vecinos, según informa el propio periódico el 14 de enero de 1855, que en su inmensa mayoría vivían del mar o del campo, según describe Taboada Leal en su "Descripción topográfico-histórica de la ciudad de Vigo", la primera historia local, publicada en 1840, no parecía necesitado de un periódico.
Los fundadores pretendían dar rienda suelta a sus ideas intelectuales y políticas con el fin de ayudar a conseguir una Galicia más unida y solidaria, pero sobre todo para impulsar el desarrollo de su ciudad. Los instrumentos para lograr esos objetivos justificaban el subtítulo del periódico: era mercantil, agrícola e industrial.
No repararon en que Vigo era una población en la que muchos de sus habitantes eran analfabetos, a diferencia de Valladolid, Cádiz o Valencia, donde nacieron, respectivamente y por este orden, "El Norte de Castilla", "Diario de Cádiz" y "Las Provincias", periódicos que siguen a FARO en antigüedad. Estas eran ciudades con muchos más habitantes y con amplias capas de alfabetizados, que sí demandaban un periódico. A pesar de todos los inconvenientes, Vigo tendrá primero que ninguna ciudad española su periódico y lo mantendrá a lo largo del tiempo, cuando otros muchos quedaron en el camino.
¿Qué significó FARO DE VIGO para la ciudad en la que aparecía en 1853? Lo explica el polígrafo, y colaborador de FARO durante décadas, Filgueira Valverde:
" Vigo, 1853. Para medir los días de la ciudad nace un periódico (...) Un día tras otro, con terco e inagotable gozo, dirá el FARO DE VIGO la ufanía de la ciudad nueva por su joven poder y señalará, sin estridor, el camino próximo... Lo importante es que la ciudad hubiese encontrado su voz en el momento mismo en que se decidía su suerte de gran ciudad. En 1853" .
Es inconcebible comprender la trayectoria de FARO sin la ciudad de Vigo, y viceversa, en la última centuria y media. El periódico FARO y la ciudad de Vigo son dos nombres inseparables.
FARO es la respuesta a cuantos interrogantes se plantean en este largo periodo en su territorio. No sólo es la crónica de la ciudad y su entorno sino también la memoria histórica. No existe tesis doctoral, tesina, estudio sobre la ciudad y el Sur de Galicia, que no cite al periódico y lo tenga, en muchos aspectos, como referencia exclusiva o preferente. Y lo que el estudioso de cualquier materia no encuentre en FARO, quedará incompleto en la historia de Vigo y su Ría.
Porque los archivos a los que pueden acudir los estudiosos - municipales, provinciales o incluso privados, de particulares o empresas- son escasos o contienen datos puramente estadísticos, y otros periódicos que nacieron a la estela de FARO, en Vigo, primero "La Oliva", después "La Concordia" y más tarde "El Independiente", con el que rivalizan a lo largo del siglo XIX, tienen sus colecciones esquilmadas o se han perdido.
Por eso FARO es la crónica y la memoria documental de la ciudad y su Ría. ¿Qué personas vivían y tenían protagonismo en ese tiempo, cuáles eran las preocupaciones y las satisfacciones de los vigueses, los avances urbanos en una etapa concreta? La respuesta está en FARO.
Este cuasimonopolio informativo en el período en que la ciudad decide su suerte le otorga una enorme influencia en la conformación de la conciencia colectiva de la sociedad, de su latir e inmaterialidad.
Podría decirse, salvadas las distancias, que FARO, en cuanto a crónica y memoria de la Ría de Vigo, puede compararse al papel doctrinal y documental de los cronicones medievales, aunque a veces sus inspiradores hayan modificado la realidad, para utilizarla con alguna intencionalidad, y que ha sido revisado por la historiografía contemporánea. No es el caso de FARO, porque no recrea a posteriori sino que informa en el tiempo en el que ocurren los acontecimientos a sus coetáneos. FARO tiene la virtud de la objetividad desde sus inicios.
No limita a la ciudad de Vigo el patrimonio de ser la crónica y la memoria histórica, especialmente del XIX, sino que extiende su radio de acción a los pueblos y villas del Sur de la provincia de Pontevedra - Cangas, Ponteareas, Baiona, Tui-, cuyos corresponsales o sus correspondencias – como se decía entonces- recogen hechos y situaciones que se hubieran perdido si FARO no las reflejara.
Esa permanencia en el tiempo, el arraigo, la familiaridad y proximidad a la gente, y su fiabilidad, es lo que ha hecho que en Vigo y el Sur de la provincia de Pontevedra de manera especial se hubiera implantado un sentimiento de pertenencia de FARO, que es percibido como propio por sus habitantes. En este territorio, "O FARO" es sinónimo de periódico y el nombre que se utiliza para pedir un diario en el quiosco o para comentar una noticia que se ha leído. Pero sobre todo para dar consistencia a los acontecimientos. Lo que dice "O FARO" tiene valor de ley. Es ejemplo de credibilidad.
Hacer patria
Aunque tiene unos objetivos más amplios, que abarcan a toda la comunidad, el "viguismo" es una de las ideas motrices del periódico. Es lo que se expresa en el editorial publicado el 27 de noviembre de 1914, bajo el título de "hacer patria", con motivo del nombramiento como obispo del vigués Leopoldo Eijo Garay.
La tesis es que "hacer patria es una idea, una aspiración, un sentimiento", que es lo que el periódico, a modo de vasos comunicantes, percibe de los vigueses y, al mismo tiempo, les imbuye.
"Un pueblo será tanto más grande, tendrá mayor importancia y representación ante los poderes públicos, cuanto más fuerte sea su unidad de pensamiento, mayor su cohesión de ideas y más firma su amor por todo lo suyo.
"Por esto Vigo es ejemplo de patriotismo en España; ama lo suyo, levanta su voz en defensa de sus intereses, admira sus inteligencias privilegiadas, ensalza sus genios y rinde tributo a todo lo grande, todo lo bueno, todo lo artista y a todo lo santo que sale de su tierra".
Y el medio que recoge, plasma todos esos conceptos y los imprime en los vigueses, quien hace viguismo es FARO DE VIGO. Es el periódico el que levanta la voz en defensa de los intereses de la ciudad, ensalza a sus personajes, el que favorece la unidad de sus gentes en torno a las ideas que benefician a aquello que es de Vigo.
FARO y la opinión pública viguesa
FARO ha contribuido a formar la opinión de los vigueses, a través de sus editoriales, del contenido y del tono de sus informaciones. Una simple gacetilla, invitando a un acto o disuadiéndolo, crea opinión pública. Porque el ciudadano se identifica con ese criterio, lo asume, porque confía en el medio que se lo transmite; incluso sin saber muy bien porqué, actúa en la dirección que se le propone. Pero convencido de que lo que hace es lo que conviene, lo que sus vecinos creen que deben hacer y lo que adquiere carta de naturaleza como criterio o actitud comúnmente aceptados.
Los contenidos del periódico han conformado un ambiente que se trasluce en la forma de ser, pensar y actuar de la sociedad en la que se inserta el periódico. Puede decirse que FARO ha ayudado a configurar un modelo de pueblo, de ciudad. Ha impreso un estilo, una forma de ser de los vigueses. Su idiosincrasia.
El realismo, el pragmatismo y la defensa de los intereses materiales, la receptividad y la apertura al exterior son parte de ese carácter vigués. Pero también el subjetivismo que convierte a Vigo en un pueblo acostumbrado a solucionar por sí mismo los problemas. El carácter individualista de los vigueses aparece permanentemente en las páginas del periódico, en editoriales y en los comentarios de columnistas y escritores de diferentes épocas.
El talante del ciudadano, el modelo de ciudad, el espíritu colectivo se conforman en las últimas décadas del siglo XIX y las dos primeras del XX y tienen como referente lo que propone FARO. Es el periódico el que resalta las ideas de una ciudad en constante progreso, que empieza a adornarse con suntuosas edificaciones, donde es "incansable el ir y venir de los laboriosos vigueses, la actividad fabril y la intensa vida comercial". Siempre contribuye a que los ciudadanos se sientan orgullosos de su condición de vigueses y satisfechos de su ciudad.
El diploma de la concesión de la Medalla de Oro de Vigo, que le otorgó el Ayuntamiento al cumplir los cien años en 1953, explica lo que ha significado para la ciudad disponer de un periódico como FARO DE VIGO. Dice el pergamino: "En el Centenario de su fundación, le rinde tributo de admiración por su obra fecunda, signo de constancia y laboriosidad y le expresa su gratitud por cuanto ha contribuido al progreso material y cultural del Municipio y a formar un alma viguesa identificada con los problemas y anhelos de la colectividad".
Una ciudad civil y pragmática
El no ser capital de provincia ni diócesis, y, por tanto, el no tener administraciones civil ni eclesiástica, como la mayoría de las capitales de provincia u otras ciudades seculares de Galicia (Tui, Mondoñedo, ambas sedes diocesanas), y sin el empaque de los pueblos que tejen su historia lentamente a lo largo de los siglos, y el haber crecido muy rápidamente, imprime una personalidad diferenciada en Vigo y los vigueses.
El crecimiento de la ciudad en torno a su mayor y permanente riqueza, la bahía y el puerto, influye en la conformación del estilo de ser del vigués. El puerto es el gran motor económico y la posibilidad de acceso a otros mundos, culturas y formas de ser. Por el puerto penetran las novedades (las mercadurías, los inventos, la moda, las noticias), y pese a ser una población extremadamente periférica, Vigo detesta lo provinciano y adopta un carácter pragmático y un aire cosmopolita.
El contacto cultural que impregnó a sus ilustrados -los que les antecedieron y siguieron, y los que fundaron el periódico- llegó por mar. Vigo es el primer punto de España que se conecta por cable submarino con el Reino Unido, lo que hace posible la rápida utilización de un invento del siglo XIX, el telégrafo, que permitía a FARO publicar noticias frescas. Con él llegó El Cable Inglés, la empresa que instaló y explotó, monta una base en Vigo, que supone la implantación de una importante colonia británica, que influye con la introducción de nuevas prácticas, entre ellas la del deporte - también de Vigo se dice que fue la primera población a la que llegó el fútbol-, y un estilo de comportamiento entre determinadas clases sociales.
Lo que antecede es la explicación al título de esta reflexión: en FARO está la respuesta. A la memoria de lo que aconteció en Vigo, su Ría y el territorio a donde llegaba. En FARO está la explicación a la forma de ser de los vigueses y la pauta del crecimiento de esta ciudad, que colocaran sus fundadores en el frontispicio de aquella minúscula publicación en 1853: periódico mercantil e industrial. Desde los orígenes a ahora cuantos logros se han alcanzado tienen detrás una campaña de FARO. Porque la historia del periódico, íntimamente vinculada a su ciudad y Ría, está hecha de campañas para conseguir objetivos que engrandecieran el territorio. Vigo se ha convertido en la primera población de Galicia y sigue siendo mercantil e industrial. Dos de las características trazadas en el editorial fundacional del periódico.