Así que, dicho con el espíritu constructivo que solicitaba ayer en su mensaje, quizá haya llegado el momento de pedirle al señor presidente de la Xunta una reflexión sobre el hecho de que parece faltar en su gobierno un punto de coordinación que le evite problemas. A él y, como efecto colateral pero inevitable, a los ciudadanos, que ven cosas que no son de recibo y no generan confianza.
Los exégetas de la Xunta -tanto los voluntarios como los contratados- insisten en negar la mayor y aducen los datos que, en las encuestas, demuestran la alta valoración que los gallegos tienen del señor Núñez Feijóo. Lo que resulta cierto, pero que no es incompatible con el hecho de que los sondeos, como cantan los italianos, son "móviles, cual piuma al vento". Y que, en consecuencia, convendría al gobernante dotarlas de anclaje para que no den sorpresas desagradables cuando menos se piensa.
La prudencia, que el señor Núñez Feijóo pedía ayer mismo en el asunto de las cajas, es un mensaje estimable, pero con dirección equivocada. Debería plantearse a la propia Xunta -un coro muy desafinado en esta partitura, con algún gallo estrepitoso como el de la habitualmente seria y rigurosa conselleira de Facenda- y que demuestran lo dicho: una abierta descoordinación incluso en los mensajes y que ha causado malestar, nervios y una considerable confusión.
En este punto, y con todo respeto, conviene añadir algo para consideración de don Alberto: no es nuevo que tenga que ser él, en persona, el que asuma la exposición, y a veces la defensa, de asuntos que o están muy verdes para desarrollarlos, como éste del mapa financiero, o pasados de tan maduros, como el de las pensiones. O sea, que la descoordinación está en el exterior pero también en el interior, y eso es grave por lo que se deja dicho de la confusión y del desgaste.
Pero hay otro error, sobre todo en lo de las cajas, o, para ser más exactos, varios. El primero, intentar resolverlo más que desde la discreción, desde el secreto, confundiendo el interés del país con el de una institución -importante, por supuesto- en apuros, arriesgando la estabilidad de otra. Y el segundo, hacerlo desde la imposibilidad legal de decidir, salvo en caso de intervención, que es la opción que le da la ley vigente, en alguna de las dos o en ambas.
Ayer, don Alberto pareció pedir ayuda para salir del lío en el que se ha metido. Si eso significa que se dio cuenta de los errores y rectifica, la recibirá; pero habrá de ir con tiento.
¿No...?