Pues la verdad es que, quizá porque en estos tiempos se ha convertido en un valor escaso, resulta muy de agradecer la lógica que emplea la señora conselleira de Facenda en el análisis de la situación de las cajas de ahorro gallegas. Lógica y no sólo prudencia, virtud que, a fuerza de recomendarse en el asunto, ya logró efectos colaterales, entre ellos provocar nervios donde no hubo ni en el peor momento de la tormenta financiera.
Y no es que su señoría descubriese un océano; se limitó a citar hechos, analizarlos con realismo y no salirse del contexto en que ha de moverse una responsable política de finanzas. Primero subrayó que las dos cajas tienen tamaño bastante para vivir cada una por su cuenta; segundo, que aportan al antiguo Reino un servicio que sus clientes valoran de forma notable y, tercero, anunció que cualquier cambio legislativo se hará cuando toque teniendo en cuenta su opinión.
Es una lástima que el método de enfoque de doña Marta –que ayer recogió FARO– no cree escuela incluso dentro de la propia Xunta, porque ha desmontado en un plisplás el tópico sobre la existencia de un riesgo de absorción foránea a causa del mal estado de las dos instituciones.
Si tienen tamaño y pueden vivir por su cuenta es que no está in articulo mortis, móvil que sugieren ahora quienes desde hace años defienden la unificación casi por decreto para así reforzar su hegemonía en otros campos.
La lógica de la conselleira de Facenda sirve, a la vez, para frenar las estrategia de algún sindicato que quiere una caja única para convertirla en banca pública y así crecer e influir en un mundo en el que hasta ahora apenas pintan algo. Pero no buscando el bien común o el mejor interés general, sino la consolidación de los poderes de sus aparatos, según el modelo y práctica de los partidos políticos. Y que, por cierto, tanto daño han hecho en otras comunidades autónomas.
En todo caso, lo más útil, y desde luego lo más sensato, sería que en vez de abrir el debate en los media se llevase cuanto antes al Parlamento una Ley de Cajas en la que, aparte de contemplar –tal como es– la realidad financiera del país y analizarla con seriedad, se busque lo mejor para Galicia como colectivo. Es verdad que la tarea no debe resultar fácil –de hecho, el bipartito incluyó el proyecto en su programa de gobierno y lo olvidó pronto–, pero ha de abordarse y resolverse.
Mientras, algunos seguirán creando ambiente de fusión por su cuenta, pero ya no pueden impedir que se les vea el plumero a larga distancia.
¿O no...?