A estas alturas, y aparte la cuestión de si es oportuno o no abrir ese debate en el inicio de un curso que tiene ya en Galicia bastantes focos de tensión, pocos hay que duden acerca de la necesidad de reforzar la autoridad del profesorado en los centros. Y no sólo para aumentar su capacidad de respuesta a posibles incidentes, sino como elemento preventivo para que no lleguen a surgir.
Es verdad que esta cuestión no ha de ceñirse principalmente, y menos aún sólo, al ámbito escolar. Si se acepta que los colegios son parte del universo colectivo, habrá que concluir que cuanto en ellos sucede es un reflejo de la sociedad misma y por tanto los remedios que se propongan para sus males serán extensivos a, o recibidos de allende las aulas. Pero como hay aún quien identifica autoridad con restricción de libertades, desconfía de la extensión de aquella por si limita éstas de forma excesiva.
En este punto, y para evitar malos entendidos, conviene aclarar que no se trata tanto de violencia en las aulas -Galicia tiene, en esto y por fortuna, un nivel muy bajo- cuanto de la necesidad de reforzar la autoridad de los profesores para evitarla. Y hay un acuerdo generalizado para conseguir ese refuerzo, aunque no en los orígenes del deterioro que se detecta ni tampoco en el modo de ponerle freno, tal y como queda patente en las opiniones de los invitados de FARO.
Una cosa sí que está clara: el problema no puede enfocarse, y menos aún resolverse, sin un esfuerzo común en el que han de participar, no ya los miembros de la comunidad escolar propiamente dicha, sino el conjunto de quienes tienen papel e influencia en la sociedad. Porque buena parte del mal de las escuelas viene de fuera, y es fuera donde hay que empezar a ponerle remedio. Aunque hay quien cree, y quizá no sin motivo, que la complejidad del momento provoca rebotes que desde la escuela llegan a la sociedad y complican las cosas.
Hasta ahora hubo coincidencia en la opinión de enfocar la cuestión como asunto docente y la tentación a dejar a los claustros y a la Administración, la búsqueda y aplicación de los remedios. Y no es así en absoluto: hay más teclas que tocar para obtener una aceptable sinfonía, especialmente las de las familias y los media sobre todo los audiovisuales; estos porque tienen parte importante en el origen del problema y aquellas porque son escenario imprescindible de la solución.
¿O no...?