A estas alturas, y a poco que se eche la vista atrás, no han de quedar muchas dudas de que la del transporte interurbano de pasajeros en Galicia es una de las grandes cuestiones pendientes desde el inicio mismo de la transición. No el único, y probablemente tampoco el principal -quizá habría de situarse en el ránking de prioridades no resueltas la de Ordenación del Territorio, de la que depende éste otro asunto- pero sí es uno de los de cita habitual y, por lo tanto, inolvidable.
Lo malo es que a pesar de ello, y de que todos los que gobiernan y los que han gobernado lo tienen presente, ninguno ha sido capaz, aún en el supuesto de que lo haya querido, de darle solución. Ni al transporte de pasajeros por carretera ni menos aún, pese a resultar algo más sencillo, al de cercanías ferroviarias. Y el resultado actual es, además de un cierto descrédito político, la imposibilidad de reducir el tráfico rodado, el gasto de combustible y, en términos más significativos que hasta ahora, la pérdida de vidas en accidentes.
Dichas algunas evidencias negativas, hay que sumar otra aún peor: la de que nadie se explica con claridad los motivos de la parálisis que atenaza a quienes gobiernan a la hora de meterle mano a la cuestión. Hay quien insinuó el difícil equilibrio de intereses empresariales vinculados a las baronías provinciales de los principales partidos y otros en cambio apuntan a la complejidad administrativa y legal para poner orden y entrar en las soluciones. Pero unos por otros la casa está por barrer y el polvo se acumula en las estancias.
Ahora, y -como queda dicho- quizá porque el ciclo así lo impone, el portavoz del PPdeG en asuntos de infraestructuras, señor Gómez Alonso, ha vuelto sobre el asunto y reclamado un "impulso común" para lograr que al menos las cercanías ferroviarias puedan articularse el año que viene. No explicó muy bien, don Alejandro, a qué cercanías se refiere y cómo hay que impulsarlas, pero es probable que no buscase tanto el detalle como el titular de prensa. Y sería una pena, porque en el fondo -y por supuesto también en la superficie- tiene razón cuando recuerda que Galicia puede y debe disponer de trenes que unan sus ciudades cada muy poco y, por ejemplo, en horarios laborales y estudiantiles adecuados. Lo que se necesita ahora es que entre todos se pongan a ello.
Es poco probable, conste, vistos los precedentes. Pero como en esto vale la pena insistir, por si acaso, procede apoyar la idea. A ver si ahora, por fin, va.
¿Eh...?