Así que, leído el resumen de lo que dijo hace muy poco el nuevo secretario xeral del PSdeG a sus alcaldes –en pocas palabras, que ayuden a compensar los recortes sociales que imputa a la Xunta del PP– no estaría de más que adelantase ahora alguna pista sobre cómo habrán de hacerlo. Sobre todo en estos tiempos en los que si casi todas las vacas han perdido peso, las que pastan en arcas municipales parecen al borde de la extenuación.
Es cierto, desde luego, que la ocasión del discurso –la fiesta de Vilagarcía– era para otros fines, que se trataba era de darse moral recíproca –que buena falta les hace, a los socialistas de aquí como a los de allá que representaba esa pintoresca señora Pajín–, pero nunca está de más un gesto docente, y decir "cómo" es tan útil, aunque más difícil, que decir "qué". Y aunque se practique poco, nunca parece tarde para empezar.
(Aquella ocasión arousana del PSdeG sirvió, también, para escenificar una despedida al señor Pérez Touriño más adecuada que la que se le dio después de las elecciones, primero en las reuniones de la dirección y más tarde en el congreso. Don Emilio, que estuvo del otro lado, sabe mejor que nadie que en cuanto se reciben saludos como el que le dedicó su sucesor, hay que irse; lo curioso es que por ahora no parece tener esa intención, y eso puede provocar algún problema interno. Y externo.
Hablando de líos, alguno podría surgir tras la chapuza organizada entre PP y PSdeG para, intercambiarse apoyos institucionales. El primero facilita un trueque de actas entre un dirigente socialista recién llegado y un senador que lo era tras fracasar para el Congreso. El segundo, a cambio, le da a los populares mayoría absoluta en el Consello de Contas, ente que debe controlar a la Xunta. Como diría un francés, oh, lá, lá.)
Dicho todo lo anterior, procede, con o sin paréntesis, insistir en la petición de más detalles sobre la misión social que don Manuel Vázquez encarga a sus alcaldes. Y que requeriría exigirle al Gobierno central que acelere los estudios que dice tener en marcha, y cuyo remate fija para 2011, sobre la financiación municipal. O, dicho de otro modo, para que le pregunte al señor Chaves qué ocurre con el Pacto Local, la eterna promesa de los gobiernos que han sido desde la transición.
Incumplieron todos, sí, pero no se iguala la responsabilidad por el daño: desde 1977 hasta ahora la UCD gobernó cinco años, el PP ocho y el PSOE veinte, más o menos. De ahí que proceda pedir cuentas.
¿No...?