Pues la verdad es que, dicho -como siempre- con el mayor de los respetos para otras opiniones- a estas alturas habría que reclamar de algunos referentes de la vida política de este país explicación suficiente sobre unos cuantos de sus más recientes análisis y varias de sus últimas decisiones. Primero para dejar más claras las cosas y, segundo, para despejar dudas sobre la coherencia con que proceden los que mandan, sea cual fuere su color.
No se trata de incordiar, conste, ni de atrapar moscas por el rabo. Cuando se pide que en circunstancias parecidas coincidan los dichos y los hechos -especialmente en estos tiempos de palabras mayores, como austeridad, sacrificio y solidaridad- es para que la sociedad las entienda y las atienda mejor. Y, de paso, para que no las minusvalore teniéndolas sólo como herramienta de un juego partidario de larga polémica y corto alcance.
En ese punto, y aunque bastaría con uno, se pueden aportar dos botones como muestra de cuán urgente resulta la coherencia que se reclama. El primero, sobre los cálculos que hace la Xunta en sus intenciones de política económica y los Presupuestos del viejo Reino de Galicia para el año 2010. El segundo es el anuncio de don Abel Caballero acerca de la rebaja tributaria en el Ayuntamiento de Vigo para ayuda de familias, comerciantes y contribuyentes en general.
En el caso de la señora conselleira de Facenda, extraña su previsión de alza -aunque moderada- para el PIB gallego porque la estima sobre parámetros muy parecidos a los que el PP rechaza en Madrid cada vez que los emplea don José Luis Rodríguez Zapatero. Y que, además, chocan de frente con los que publican organismos como la OCDE cuando hablan de un año que viene con índices negativos aunque no tengan en cuenta la ayuda celestial del Apóstol Santiago. a través del Xacobeo. Es un dato.
En cuanto al segundo ejemplo, el del señor alcalde de Vigo, se refiere al contraste entre su política de reducción de impuestos para fomentar la economía ciudadana y la doctrina oficial del PSOE que defiende su incremento para reforzar así lo que llama "políticas sociales", una definición muy discutible. Cierto que don Abel crea un nueva tasa para empresas de telefonía móvil, pero hay quien discute su efectividad y la cree casi pura propaganda.
No ha de extrañar, por tanto, lo que se dijo del uso interesado de las verdades a medias. Lo malo es que, aparte de confusión, provocan enfado.
¿O no...?