Era un secreto a voces, y ahora parece concretarse: la izquierda gallega, desalojada del poder, se precipitó a la hora de analizar las causas de la derrota frente al PP de Núñez Feijóo, convocó en caliente sus congresos –alguien dijo que aún en estado de shock– y, por tanto, cerró en falso la crisis.
Los observadores de la banda de babor afirman que los acontecimientos se precipitaron. Las renuncias de Pérez Touriño en el PSdeG, y de Anxo Quintana en el Bloque dieron excesiva celeridad a los procesos de sucesión y, de algún modo, provocado un ritmo que la prudencia habría aconsejado más lento.
Ahora, añaden, llega la reacción postraumática, y con ella la agitación interna. La más visible en el nuevo PSdeG de Manuel Pachi Vázquez, donde a pesar de que se aprobó casi por unanimidad su nuevo modelo territorial, la pugna por las baronías se incrementó en las últimas semanas.
Pero no es sólo eso, ni tampoco una oposición a la nueva dirección. Hay el deseo de apartar a algunos históricos como Fernández Moreda, de acotar el poder de este Vázquez, eliminar el residual del otro -Francisco- e incluso recordar a Pachi, por varios grandes alcaldes, que la alianza con el Bloque es clave para el poder municipal socialista y debe mantenerse.
El desanimo
En el BNG la situación es diferente, pero también postraumática. Una parte de la organización cree que el nuevo Portavoz Nacional, Guilherme Vázquez, sigue demasiado cerca de la UPG y, además, mantiene la discrepancia sobre el adelanto de la asamblea ordinaria, que corresponde en 2011 pero que prefiere el año próximo.
La clave está en las municipales y sus candidaturas. Si se mantiene la situación actual, la hegemonía de la UPG y de su líder, Francisco Rodríguez, hará que los alcaldables sean propuestos bajo su control, y la corriente “Máis BNG”, que lidera Carlos Aymerich, quiere equilibrar las fuerzas en una asamblea adelantada al proceso electoral.
Pero es un secreto a voces que hay desánimo en el interior del BNG. Se expresa de modo privado –aún se mantiene en gran parte la tradicional discreción cara al exterior de los nacionalistas– pero también claro. Y se oyen cada vez con más frecuencia reflexiones sobre el riesgo de que finalmente el Bloque se divida.
Por supuesto que este tipo de secretos, aún ciertos, son negados oficialmente, e incluso descalificados como intoxicaciones propiciadas por los adversarios políticos, aunque se citan como supuestos inductores tanto al PSdeG actual como al Partido Popular de Feijóo.
La pelea
Otro secreto a voces es la decisión de los sindicatos gallegos de pelear –sic– cara al otoño en un proceso de renovación de convenios que producirá choques frontales frente a la patronal que dirige Antonio Fontenla.
El presidente de la CEG ha dicho ya que cualquier pretensión de aumento de salarios por encima del IPC será “imposible”. Fontenla admitió que la resistencia patronal, como ocurrió en la huelga del metal de Vigo, será “la tónica”.
Los responsables sindicales –Seixo de CIG, Sánchez Aguión de Comisiones, y Alonso de UXT–, no descartan la unidad de acción, pero en todo caso advierten en común de que “no aceptarán que la crisis la paguen los trabajadores a costa de sus salarios.
Ollo ó piollo
Otro secreto a voces: las posibles mociones de censura gallegas podrían adelantarse tras el lío del municipio levantino de Benidorm.
Y es que los prudentes del PPdeG se han visto desautorizados por ese asunto...