Caminito de Santiago
Lumbalgias, ciáticas, escoliosis... dícese que el Camino de Santiago obra en quien lo hace el milagro de que le desaparezcan esas dolencias durante su recorrido. Que se lo pregunten al profesor y arquitecto vigués Gabriel Santos Zás que, con un ligero desgaste de cadera, inició este año la experiencia en O Cebreiro y pronto dejó atrás kilómetro a kilómetro a su hijo Gabriel Santos Durán, Doctorando de Biología en la USC, y a una rubia que los acompañaba y no paraba de lamentarse. Lo mismo que le pasará el lunes, cuando inicien el camino en Samos, al grupo liderado por el ex comunista, excantante y ahora promotor de eventos Bibiano Morón, en el que irán sus dos hijos, Daniel y Guillermo Morón y el ex baterista de diversas formaciones Javier Martínez, con Alfonso Comesaña conduciendo el coche escoba por si hay averías. A Bibiano ya le tocaba, era una asignatura pendiente para un compostelano que fue niño del coro de la escolanía de la catedral y cantó al santo patrón tantos motetes antes de pasarse al rock. ¿Conseguirá Santiago que Morón no sienta el peso de su abdominal protuberancia?
En la terraza del Patos
Me llamó ayer Carlos Leiro, ya en la atardecida, desde el bar Patos, a la vera de esa playa y a un tiro de piedra de El Rincón Argentino que tutela Chaga. "Ven a tomar un vino, que se está divino aquí, viendo caer el sol desde la terraza con las Cíes al alcance de la mano". ¡Ah, el bar Patos, cuántas fiestas se hicieron ahí en el pasado! Recuerdo los tiempos de Fernando pero ahora esta acogedora terraza, que goza de las mieles de la prolongación del buen tiempo y en la que te puede servir Begoña Iglesias desde un pulpo o una empanada a unos postres está regentada por Pachi y Miguel Ángel Rodríguez, al que muchos conocisteis como miembro de "Aerolíneas Federales" o "Bromea o qué?" y ahora toca en Los Currichos. O sea que Miguel combina sus facetas de músico y hostelero, pero también la de percebeiro, que lo es y con carné. Tendré que despedir desde allí al sol, uno de estos días.
Una mujer cabreada
Pasa estos días en lugar secreto. Me llamó Karina Falagan el otro día pero no desde su restaurante de Samil, el Jonathan, sino desde un lugarno declarado. A Karina le han impedido hacer el certamen de castillos en la arena este año y me cuenta que de madrugada, en agosto, han deshecho las figuras que con mucha paciencia se habían diseñado como preámbulo del mismo. Está desconsolada pero cabreada, con ganas de guerra pero, al tiempo, pachucha de salud por ahora. Por razones de salud quizás haga un viaje pero que, como dijo McArthur, volverá. Yo le digo que no se meta en líos, que piense solo en ella y disfrute, pero no me hace caso.