De Vigo a O Condado
Hicimos una escapada desde Vigo a O Condado de no más de 4 horas de la que volvimos gratificados y con unos tomates de tamaño descomunal y sabor antiguo que nos regaló Manolo Villar de su huerto de Salvaterra. Me fui con José Manuel Pino Raso, "Sesi", con antigua y pacega casa familiar en Meder pero residente en el barrio viejo de Vigo, no más que para hacer una excursión para gozar de lo cercano. Y la primera parada, entrando en Ponteareas y frente a la casa en que nació el gran ciclista Delio, fue para conocer ese bar-estanco o Corte Inglés de pueblo que allí tiene Rosa Domínguez (hermana de Telmo's) y su hijo Víctor, en donde puedes comprar desde un chisquero hasta un portaviones mientras bebes una birra. Cogimos luego dirección a Salvaterra y, tras pasar sobre el río Tea y ante esa granja albariña Fillaboa que un día fue de Alejandro Barreras, llegamos a casa de Manolo Villar, que revisaba su Avenida de los Tomates (junto a los camelios y no muy lejos de los los puerros) mientras su mujer, Mary Carmen González, se distraía haciendo encaje de bolillos en la gran cocina de la casa. Ambos viven en Bouzas pero ahí tienen esa finca donde Manolo distrae sus 82 años en la huerta y donde pesé, lo juro, un tomate de 1,600 kgs. Luego, tomando dirección As Neves, entramos en Salvaterra otra vez y en la parroquia de Oleiros hicimos parada en otro Corte Inglés rural y de bolsillo, ese bar de Paco sembrado de jamones y fieles parroquianos. Allí tomamos "folgos" con un vino para ir luego hacia Meder por Tortoreos. Tras pasar ante el bar Rachapedra y la casa del poeta Antonio Fontán, que abrazamos, admiramos la capilla de Nuestra Señora de la Luz, cerca de los caserones, casas pacegas o mansiones del ginecologo Pepe Álvarez (antes propiedad de Afriquita Porto), la de las "señoritas de Caramés", la de Antonio Portela "Comunitel"... ¡Hermoso paisaje regalado!
En la Casa de Arriba
Avanzaba la tarde cuando hicimos parada allí en Meder en la casa solariega de los Pino Raso, construída en de 1714 sobre la finca de La Tapia. En una especie de corredor asoportalado que da a un patio interior, ante un ciprés y bajo una bandera siciliana, picoteamos restos de una lamprea rellena traída de esa Casa Frenazo, en Arbo, donde Emérita en los pucheros y Víctor en vanguardia dan placeres cada día. Y, anocheciendo, hicimos parada en Vilacoba, cerca de Batallans, donde cenamos en la hermosísima tapería que tiene allí Manuel Areal Gregores, hermano de los de Tapas Areal de Vigo, en una antigua casa restaurada en cuyo porche interior compartió mesa unos minutos con nosotros. De postre me cumplió el capricho por no estar en carta de unos huevos fritos con patatas fritos en aceite de oliva vírgen que eran para dar gracias a Dios por esos alimentos sencillos pero incoomparables. Y volvimos, felices, a Vigo.