El alcalde de Vigo afirmaba ayer que en lo que se refiere al nuevo hospital "todo está en marcha". Y parece que así es. La voluntad de Vigo está clara desde hace mucho tiempo. La de la Xunta parece que también, dado que abre el proceso de las expropiaciones y tiene trabajando a los técnicos en el diseño del plan funcional para las competencias y servicios que tendrá el futuro centro, el cuarto público de la ciudad.
Llegados a este punto, pese a la queja expresada por el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, sobre el proceso heredado para la consecución de los terrenos, hay que plantearse si la infraestructura actual será capaz de aguantar la presión asistencial que habrá en los próximos años.
No es la primera vez que las autoridades sanitarias se muestran resignadas cuando se producen colapsos por falta de camas en los hospitales públicos vigueses o cuando los servicios de Urgencias se ven desbordados. La respuesta en esas ocasiones siempre es la misma: Hay que esperar al nuevo hospital.
Pero esta infraestructura, tan ansiada como necesaria, no llegará en un abrir y cerrar de ojos. Los expertos lo dicen y lo mantienen. La construcción de un hospital de estas características, cualquiera que sea el proyecto que se elija, llevará mucho más tiempo que un edificio normal. No sólo se trata de la edificación en sí, sino del posterior equipamiento que necesita la instalación de un material y una tecnología que no tienen los inmuebles residenciales.
Esa circunstancia y la posterior selección de personal, así como la adjudicación de toda la infraestructura que comporta, hacen que el nuevo hospital aún tarde en ser una realidad.
Por ese motivo, pese a que todo está en marcha, hay que apretar el acelerador para un proyecto del que va a depender algo tan importante como la calidad a medio plazo, de la asistencia sanitaria de los vigueses y de los habitantes del área metropolitana. Todas esas circunstancias provocan que ninguna de las partes implicadas deben bajar la guardia.