Hace casi un año que la anterior Xunta de Galicia envió al Concello vigués un listado con puntos de contaminación por vertidos en el Lagares que debían ser corregidos. La misma consellería, todavía dependiente del ahora secretario xeral de los socialistas gallegos, Manuel Vázquez, envió otro requerimiento con otra docena de lugares en los que se debería controlar los vertidos el pasado enero. Ahora, la actual Xunta incide en que no tiene conocimiento de que los responsables municipales hayan contestado a los escritos enviados desde Santiago, tras las inspecciones de Augas de Galicia.
Este hecho, aunque se podría suponer que sí se han realizado las labores de prevención en Vigo aunque se olvidase el Concello de enviar la comunicación en tal sentido a la consellería, es sintomático de que en los problemas relacionados con el medio ambiente hay que estar siempre encima para que nadie, desaprensivo o despistado, pueda cometer una vez más "deslices" como los vividos en los últimos años en el cauce del emblemático río vigués.
Puede que sea cuestión de poca memoria, por no pensar mal y hablar de descuidos, intencionados o no, pero con ese pequeño cauce no se debería de jugar. Ni siquiera emplearlo como arma arrojadiza entre formaciones políticas de distintos signo. En Vigo hay técnicos competentes. En Santiago también. Lo bueno sería aunar esfuerzos entre todos para conseguir que toda aquella tubería que asome por el cauce sea identificada, taponada y colocada fuera de uso. Y lo mismo con posibles corrientes de agua cuando llueve –que los vecinos de cada zona conocen muy bien como ocurrió en O Gorxal–, que pueden arrastrar productos contaminantes al río.
En caso contrario, las campañas divulgativas, las declaraciones grandilocuentes, las apuestas más o menos arriesgadas que luego se quedan sólo en propósitos, no sirven de nada. Lamentablemente desaprensivos los habrá siempre, despistados también e imprevistos, por supuesto. Pero la labor de prevención no debe asomar sólo cuando ocurre algo. Es cuestión de memoria.